viernes, 10 de marzo de 2017

Palabra de booktuber






El uso de YouTube por parte de los más jóvenes es una realidad que muestran las apabullantes cifras de seguidores. Sólo hay que fijarse en los que tiene ElRubious, el youtuber más conocido: nada más y nada menos que 23 millones. La realidad es que los adolescentes no suelen ver la televisión ni escuchar la radio pero sí que consumen contenidos en Internet y lo hacen por dos razones, porque no encuentran a nadie que “hable su mismo idioma” en los demás medios y porque la posesión de un móvil facilita poder ver esos contenidos en cualquier momento y, además, sin estar pendientes de un horario.

En plataformas como YouTube, los adolescentes hacen las veces de usuarios y productores de contenidos audiovisuales. Cualquier joven con una cámara y cierto desparpajo, así como habilidades comunicativas, puede crear su propio canal y colgar de él sus propias creaciones a la espera de compartirlas con sus seguidores, con los que interactuarán.

Partiendo de la misma filosofía, expresarse y compartir, surgen los booktubers, una subcategoría de youtubers que se han convertido en los nuevos críticos literarios para los más jóvenes. Aunque nunca ha sido su objetivo, estos lectores que recomiendan a otros lectores, tienen mucho más poder de convicción que aquellos denominados profesionales y es que, como decíamos al principio de este artículo, los jóvenes quieren gente que hable y se exprese como ellos.

Este explosivo éxito no ha pasado desapercibido por las editoriales que comprenden que, para atraer a este grupo de edad, es necesario tener en cuenta a los booktubers. Alguien puede pensar que este interés puede ser el principio del fin de este fenómeno, pero los booktubers aseguran que siguen independientes y no reciben “presiones”. Estas, en todo caso, son sutiles, como el envío de novedades, mención de sus críticas en la cubierta de algunos libros o la publicación de alguna novela propia.

Porque sería una pena que este fenómeno terminara muriendo de éxito. Como bibliotecarios, nos parece que estos jóvenes, sin pretenderlo, hacen una increíble labor de difusión, algo que ninguna biblioteca sería capaz de alcanzar, dada su cifra de suscriptores. La lectura ha dejado de ser una actividad exclusivamente individual para convertirse en algo social, algo que nos gusta compartir más que nunca y eso está disparando los índices de lectura entre jóvenes. Podríamos discutir luego sobre la calidad de sus lecturas, pero primero hagamos lectores y luego haremos lectores de calidad, o no, lo importante es leer, disfrutar leyendo y además compartirlo.


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