viernes, 13 de enero de 2017

El manga según Osamu Tezuka


En la actualidad todo el mundo sabe que el manga es uno de los productos más emblemáticos de la cultura japonesa, así como una poderosa industria con gran cantidad de seguidores dentro y fuera del país nipón. Sin embargo, hace más de 80 años, el cómic japonés no era más que un producto local compuesto sobre todo de tiras humorísticas y obras para niños.
¿Qué ocurrió entonces para que se convirtiera en lo que es hoy? Pues, como tantas veces, es necesario un determinado contexto histórico así como un creador revolucionario y genial.
Empecemos por el contexto. El Japón que surgió tras la II Guerra Mundial era un país devastado y controlado por los norteamericanos, con una población deshecha necesitada de entretenimiento. El cine y la televisión eran muy caros de producir y disfrutar, así que la literatura y el cómic, más baratos, se convirtieron en fuente de diversión para una población que necesitaba evadirse. El aumento de la producción de mangas facilitó la contratación de más dibujantes, entre ellos Osamu Tezuka. Este joven mangaka era un enamorado del cómic y la animación occidental, lo que le llevó a la fusión de ambos mundos y gracias a su genialidad lo revolucionó todo.
Empezó enriqueciendo la temática; lo que antes había sido un cómic de esparcimiento, más cercano al humorismo gráfico, con el padre del manga se volvió diferente. Trató temas más dramáticos, abarcó la ciencia ficción, la comedia romántica o adaptó los clásicos. El inquieto mangaka no dejaba de buscar y sorprender con un giro temático diferente en cada nueva obra.
También la estructura narrativa cambia. Tezuka traslada el lenguaje cinematográfico al cómic, dibujando fotograma a fotograma, o mejor dicho, viñeta a viñeta, un movimiento. Es un gran planificador de escenas, consiguiendo, gracias a ese control narrativo, que el espectador pase del dinamismo de una escena de acción a la pausa según exija la narración. De hecho se dice que era más un director de anime que un dibujante, incluso intentó crear una productora para hacer versiones animadas de sus mangas que no tuvo demasiado éxito.
Pero si hay un rasgo característico que le debemos al padre del manga es, sin duda, esos ojos grandes y expresivos de sus personajes, tan alejados de los ojos rasgados de los orientales. Se dice que se inspiró en los personajes del cine de Disney, del que él era tan aficionado. Sin embargo, no deja también de haber una razón práctica para ello. Unos ojos grandes tienen más capacidad de expresión que unos rasgados y él quería dotar a sus personajes precisamente de esa capacidad.

Porque este hombre pequeño, ataviado con su característica boina, tenía sobre todo un gran humanismo, que reflejó en las muchas historias que contó. La pena es que Tezuka murió pronto, con apenas 60 años y todavía muchas ganas de crear y seguir trabajando. Pero a pesar de su falta, el manga ha seguido creciendo en calidad, con otros muchos mangakas hoy plenamente reconocidos que, de una u otra manera, son herederos de este genial creador.



Algunas de sus obras:

AstroBoy

El hombre fantasma

El mundo perdido

El libro de los insectos humanos

Metrópolis

Adolf







Black Jack

Vampire

Los 3 Espaciales

Bajo el aire

Alabaster

Marvelous Melmo

Kimba, el león blanco

La princesa y el caballero








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