viernes, 8 de mayo de 2015

Rincones olvidados: Historias llenas de bibliotecas

Historias llenas de bibliotecas

Queda ya poco para que la biblioteca deje el edificio de la vieja cárcel, donde hemos estado cerca de 70 años acumulando muchas anécdotas e historias. En este espacio de “Rincones olvidados” hoy tocaba hacerle un pequeño homenaje a ella, hablando de lo más apropiado que he encontrado, de historias sobre bibliotecas. Siempre han sido un importante elemento inspirador para muchos autores, que de una u otra manera las han utilizado para contarnos historias. Su propio desarrollo cronológico contiene hechos y acontecimientos de lo más novelesco. Hagamos un breve repaso por él.

Tened en cuenta que las bibliotecas nacen prácticamente a la vez que el libro, ante la necesidad de su guarda y custodia; tablillas de arcilla primero y, después, rollos de papiro y pergamino se acumulaban en las primeras bibliotecas de los templos, palacios y casas de los nobles. Entre aquellas primeras bibliotecas de la Antigüedad, destaca la legendaria biblioteca de Alejandría, lugar de erudición y estudio que pretendía recoger todo el saber de la época. Desgraciadamente, esa brillante civilización clásica sucumbió poco después y sus bibliotecas también. Este ocaso lo pretende reflejar la película de Alejandro Amenábar Ágora”, donde Hipatía representa un mundo que desaparece en los convulsos tiempos del final de la Antigüedad clásica.

En la Edad Media, las bibliotecas se sitúan en los monasterios, guardianes de la pequeña parte del legado de la civilización clásica que sobrevivió. Una de las labores más importante de los monjes consistía en copiar estos textos clásicos, sobre todo los que servían para su función evangélica. “El nombre de la rosa”, tanto la novela de Umberto Ecco como la película de Jean-Jacques Annaud, muestra el ambiente de los monasterios de aquella época y sus “scriptorium”, donde los monjes pacientemente realizaban los manuscritos que llenaban sus bibliotecas. Y aunque la llegada de las universidades y de las primeras colecciones reales o aristocráticas modificó un poco el panorama de las bibliotecas, fue la invención de la imprenta la que desencadenó una serie de importantes cambios. La
novela “El taller de los libros prohibidos” de Eduardo Roca, a golpe de ficción, adelanta unos años la invención de la imprenta a manos de un humilde orfebre y nos muestra los problemas a los que se enfrentará el invento, visto con temor por aquellos privilegiados que no querían que el conocimiento y la cultura dejaran de estar exclusivamente en sus manos. Y no era para menos, ya que la posibilidad de poder hacer muchas copias de un mismo libro, más rápido y barato, posibilitó la difusión del conocimiento, la alfabetización de la población y, precisamente por ello, la aparición de muchas más bibliotecas hasta nuestros días.


Como veis los grandes hechos de la historia de las bibliotecas son la perfecta excusa para inventar historias, pero lo que más me fascina de este tema que he escogido es que muchos autores imaginan la biblioteca como un lugar lleno de misterios, asesinatos e, incluso, tramas conspiratorias. Si os gustan este tipo de intrigas, una pequeña selección de esta literatura de misterios bibliotecarios podría comenzar con “La biblioteca de oro” de Gayle Lynds, siguiendo con la “La gran complicación” de Allen Kurzweil, “Los amantes encuadernados” de Jaime de Armiñán o la trilogía de Glenn Cooper “La biblioteca de los muertos” y sus secuelas “El libro de las almas” y “El fin de los escribas”.

Sin embargo, como bibliotecaria sé que las bibliotecas hace mucho que no son esos lugares cerrados e inaccesibles que pudieron alimentar este tipo de novelas. Por el contrario, la biblioteca es un lugar abierto a la sociedad cuyo principal valor es ayudar a nuestros usuarios. Entonces, la biblioteca se convierte en lugar de aprendizaje, superación o refugio. Por suerte, la literatura también ha encontrado inspiración en ello. Me viene rápidamente a la memoria la maravillosa “Matilda”, de Roal Dahn, la inteligente niña que tiene que lidiar con la estupidez e incomprensión de su entorno y que encuentra en los libros, y en la tierna bibliotecaria señora Phels, buena parte del refugio que necesita. “Una lectora nada común” de Alan Bennett, original novela que se plantea la tardía pasión lectora de la reina Isabel II de Inglaterra gracias a su fortuito encuentro con los servicios de un bibliobús. “La bibliotecaria de Auschwitz” de Antoni G. Iturbe es otro homenaje a la labor del bibliotecario, esta vez una bibliotecaria muy especial, una niña que, en el tristemente conocido campo de concentración, desempeña una peligrosa pero necesaria labor, proveer de libros a sus compañeros de cautiverio en un lugar en el que están prohibidos.

Por lo que se ve los libros y las bibliotecas son, para algunos, elementos peligrosos. En mi última recomendación os propongo “Fahrenheit 451”, inquietante novela de Ray Bradbury que nos muestra un mundo futuro donde  los libros y la lectura están prohibidos, y la cultura visual ejerce todo su poder de manipulación. Una magnífica narración que esperemos no sea premonitoria.
Y esto es todo amigos, como diría algún personaje de la Warner. Nuestra biblioteca emprendió su andadura en el edificio de la vieja cárcel en 1947, en medio de las carencias de una postguerra. Me puedo imaginar que la biblioteca resultó, para muchos, un lugar donde evadirse y refugiarse. Con los años fue progresando a la par que el país, aunque ya sabemos que la cultura no mejora al mismo ritmo que otras cosas, quizás por eso hemos tardado tanto en tener otro edificio para sustituir a éste que quedó hace mucho tiempo pequeño e incómodo.


No ha sido nuestra historia tan apasionante como la reflejada en algunas novelas que he mencionado, lo que sí me gustaría pensar es que hemos ayudado a muchas personas en su aprendizaje, quizás a encontrar su vocación o simplemente a disfrutar; estos, y otros muchos, son los grandes triunfos de las bibliotecas, sobre todo de las bibliotecas públicas. Puede que a algunos les parezcan pequeños, pero para nosotros siempre serán importantes. Hasta pronto.


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