viernes, 10 de abril de 2015

Rincones olvidados

El bello y olvidado sonido de una viola de gamba



En “Rincones olvidados” procuro hablaros un poco de todo, para que no digáis que me repito. Esta vez quería sacar del olvido algo de música clásica, música antigua para más señas. Ya sabéis que una está abierta a cualquier señal del destino para elegir tema, y esta vez un amigo me la puso en bandeja. Me preguntó si sabía el porqué del nombre de la viola de gamba. Me pareció que la duda bien valía un artículo en esta sección, así que para todos aquellos que tengan esa duda, respondo. Bien, este instrumento obviamente no tiene nada que ver con el delicioso crustáceo; “gamba” es pierna en italiano y la viola de gamba, por tanto, es la viola que generalmente se toca mientras se sujeta entre las piernas. Era una manera de diferenciarla de la viola de “bracchio” que, como habréis deducido, se tocaba sujetándola con el brazo. Aclarado esto, oigamos una viola de gamba en manos de Jordi Savall

 

¿Habéis apreciado cómo se sujeta entre las piernas? ¿Os habéis fijado que el diapasón tiene trastes y en la forma de coger el arco? Parece un violonchelo, pero no caigáis en el error de pensar que es su antepasado, ya que la familia de las violas de gamba y la del violín son diferentes. Durante siglos convivieron aunque en ambientes y funciones musicales diferentes. 
La viola de gamba tuvo su momento de esplendor entre los siglos XV y XVIII, y aunque también era tocada en el ambiente amateur, fue en las salas de los palacios donde se convirtió en la reina indiscutible de las reuniones musicales. Sola o formando pequeñas agrupaciones de cámara, deleitaron al reducido pero selecto público que acudía a ellas. Su sonido bello pero algo apagado era perfecto para los salones aristocráticos de la época. Pero algo empezó a cambiar entre finales del siglo XVIII y el XIX cuando la nueva y pujante clase burguesa trajo nuevos gustos musicales que no la incluían; se imponían las grandes orquestas capaces de llenar de sonido las salas de conciertos. Así fue como la familia del violín, con un sonido más potente y brillante, le ganó la batalla a las violas de gamba, cuya música y presencia desapareció en poco tiempo.
Durante años su música fue olvidada, con el agravante de que no era muy normal tocar música del pasado. Se pensaba que la música que se hacía en ese momento era la mejor y que no había necesidad de retroceder porque era una música superada. La música que se tocaba duraba “en cartel” poco tiempo, pronto otra obra la sustituía y habitualmente no se volvía a ella. Así que por unas razones u otras, la viola de gamba tuvo que esperar a que las condiciones musicales cambiaran para reaparecer digna y elegante, como las viejas damas de la alta sociedad.
A finales del siglo XIX Arnold Dolmetsch, músico y luthier de reproducciones de instrumentos antiguos, estaba empeñado en hacer resurgir la música antigua. En 1890 sorprendió a la sociedad americana cuando él y su familia realizaron su primera actuación formando un “consort” (un grupo de violas de gamba). A partir del trabajo de aquellos pioneros creció el interés por la esa música olvidada y, cómo no, por la vieja viola de gamba. Pero si hay alguien que ha divulgado este maravilloso instrumento como nadie ha sido Jordi Savall; gracias a su empeño investigador ha conseguido sacar del olvido un buen número de obras escritas para este instrumento. Como gran divulgador, el destino le puso en bandeja un proyecto que ayudó a dar a conocer la viola de gamba a mucha gente, la película  “Todas las mañanas del mundo” sobre los violagambistas y compositores Marin Marais y Saint Colombe. Jordi Savall se encargó de la banda sonora, ganando un “César” del cine francés por ello.
Fahmi Alqhaid
Pero la viola de gamba no sólo inspira a la escuela historicista que representa Jordi Savall, nuevos intérpretes apuestan por componer nueva música para ella, aunque no es fácil debido a las reticencias de público e industria que parece no dejarla escapar del ámbito de la música antigua. El violagambista Fahmi Alqhaid, con su formación Accademia del Piacere, quizás sea uno de los más arriesgados e innovadores. Se ha atrevido a mezclar flamenco, música contemporánea o jazz con música antigua y tímidamente a componer alguna obra nueva. Sin embargo, es todavía una excepción en el panorama musical de la viola de gamba que recurre al repertorio tradicional, eso sí, con magníficos intérpretes como Paolo Pandolfo, Nima Ben David o Vittorio Ghielmi.

Este patrimonio musical pertenece, principalmente, a cuatro países: Francia, España, Italia y Alemania. En cada país la viola halló un sonido y unas características diferentes. Empezando por donde surgió, en la España del siglo XV la viola se mezcló con sonidos moriscos. En Italia adquirió su apellido de “gamba” y un notable grado de virtuosismo. Durante el siglo XVII, la viola en Inglaterra disfrutó de un prolífico período tanto en composiciones populares como cultas con una larga lista de compositores, entre ellos Henry Purcell, Orlando Gibbons, Tobias Hume o William Byrd. Pero sin duda fue en Francia donde la viola, con un marcado tinte melancólico, vivió su momento de mayor esplendor con compositores tan conocidos como Marin Marais, Saint Colombe o Antoine Forqueray. Finalmente tuvo un glorioso ocaso en Alemania con uno de los mejores violagambistas de la historia, Karl Friedrich Abel.

Bueno, esta es solo una pequeña muestra de lo mucho que nos puede ofrecer uno de los instrumentos más bellos que existen y, también, espero que el descubrimiento de la viola de gamba sirva a algunos para conocer otro tesoro, la música antigua. Para terminar os dejo un enlace de la carta que escribió Jordi Savall explicando porque renunciaba al Premio Nacional de Música. Se trata de un hermoso alegato en defensa nuestro patrimonio musical, y de la música en general, de alguien que la conoce y ama profundamente. Creo que es un más que adecuado final para este “Rincones olvidados”. 


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