viernes, 6 de marzo de 2015

Rincones olvidados: Groucho, permíteme que te recuerde

“Groucho, permíteme que te recuerde”


Cuando en enero se produjo la matanza en Charlie Hebdo, pensé, entre otras cosas, en la importancia del humor. Aunque el que ejercía Charlie Hebdo era corrosivo, crítico con todo e irreverente, ese humor, que a veces ofendía, es también es necesario. Reírnos de nosotros mismos  como sociedad o poder reírnos del poder, cuando quizás es lo único que podemos hacer contra él, es ejercer una importante parcela de libertad a la que no debemos renunciar. Así que este mes tocaba dedicar el artículo de “Rincones olvidados” a algo que no debería falta en nuestras vidas, el humor.

Buscando un digno representante enseguida me acordé de una de mis debilidades, Groucho Marx, cómico y escritor estadounidense conocido, sobre todo, por ser uno de los célebres Hermanos Marx. Sin embargo, sería simplificar mucho quedarnos con esta idea de Groucho; él fue mucho más y en este artículo os mostraré también su faceta más desconocida. Bien, quizás os preguntéis por qué me gusta tanto Groucho. Supongo que porque se atreve a decir lo que a mí me gustaría decir algunas veces y que por falta de ingenio, rapidez y descaro soy incapaz de hacer. Así que le perdono su machismo, su mal carácter, su tacañería, esa lengua afilada no exenta de crueldad… al fin y al cabo el personaje me interesa por todas esas frases ingeniosa y mordaces que me siguen haciendo reír aunque me las sepa ya casi de memoria.

Groucho tenía unos cuantos hermanos, una madre artista y una vida llena de miseria. Precisamente para salir de ella, su madre se empeñó en explotar al máximo las habilidades artísticas de sus hijos. Primero lo intentó con Groucho, que destacó como cantante, y después con el resto de los hermanos. Juntos realizaron espectáculos de vodevil en los peores tugurios. Allí Groucho desarrolló su ingenio y su capacidad para la improvisación, ya que cuando un número flaqueaba, él, para animar el espectáculo, contaba chistes y chascarrillos. En esos lugares el público no era precisamente condescendiente con los artistas que no los entretenían. Lo de tirar tomates debía ser lo mejor que te podía pasar, así que por pura supervivencia, Groucho y sus hermanos fueron desarrollando ese humor brillante, surrealista e irreverente que les permitió triunfar con sus espectáculos y mejorar sus condiciones de trabajo.El momento culminante de su carrera teatral lo alcanzaron en Broadway. Durante los años que actuaron allí, entre 1925 y 1929, disfrutaron de todo aquello que habían deseado: éxito, fama y dinero. Los hermanos no pasaron desapercibidos para la industria del cine, que les propuso hacer una película muda que resultó ser un fracaso antes de estrenarse. 
Fue necesario que llegara el cine sonoro para que la Paramount lo volviera a intentar, esta vez con las adaptaciones de sus éxitos de Broadway “Los cuatro cocos” (1929) y “El conflicto de los Marx” (1930). El éxito no se hizo esperar; Groucho y sus hermanos aprovecharon las nuevas posibilidades del cine sonoro y fueron los reyes del cine cómico durante los duros años de la Gran Depresión.
Estas primeras películas realizadas para la Paramount fueron, sin duda, las más auténticas y en las que podemos ver a los hermanos más en su salsa. Aunque trabajaban con guiones, los directores se veían incapaces de evitar los momentos de improvisación, que mejoraban sin duda el resultado final. De
este periodo, “Sopa de ganso” (1933) es, para muchos, la mejor de su filmografía. Se trata de una sátira política genial creada en un tiempo en el que empezaba a preocupar el avance de los totalitarismos en Europa. Pero a pesar de ello, no fue un gran éxito de público así que la Paramount no quiso seguir trabajando con ellos. No tardó la Metro en aprovechar la oportunidad para contratarles, aunque ya no pudieron trabajar con tanta libertad. El objetivo de la Metro era hacer películas más comerciales, así que crearon guiones más elaborados donde los hermanos ayudaban a una pareja de enamorados a superan sus problemas. Además, se daba más importancia a los números musicales donde podemos ver a Chico tocando de manera genial el piano y a Harpo su arpa. De esta etapa destacan “Una noche
en la ópera”
(1935) y “Un día en las carreras” (1937) con míticas escenas que nos asegurarán las carcajadas. En 1940 los hermanos anunciaron que dejaban el cine, pero la delicada situación económica de Chico, adicto al juego, alargó esta despedida unos años más con películas de menor calidad.
Groucho y sus hermanos fueron, ante todo, cómicos. Y aunque su fama se la dio el cine sería injusto olvidarnos de sus otras actividades artísticas. En la radio, Chico y Groucho ya habían probado fortuna durante los años treinta con una comedia radiofónica que no terminó de cuajar y que dejó de emitirse tras 13 capítulos. Si tenéis curiosidad, los guiones de aquel programa se han publicado en español con el título de “Groucho &Chico, abogados”. Años después, Groucho, esta vez en solitario, volvió a probar fortuna en la radio con el concurso “You bet your life”. Sus ácidos comentarios y su increíble capacidad de improvisación hicieron del concurso un gran éxito, lo que llevó a sus responsables a intentar repetirlo en un nuevo medio, la televisión, y ¡vaya si lo consiguieron!, más de diez años de emisión lo avalan.




Sin embargo, y a pesar del éxito, a Groucho lo que le gustaba era escribir, realmente era su vocación frustrada. Así que en cuanto pudo, cogió la pluma y volvió a desplegar todo su humor e ingenio particularmente en dos obras: “Groucho y yo” y “Memorias de un amante sarnoso” donde pone al servicio de nuestro divertimento anécdotas y recuerdos de su vida.




Las carcajadas están aseguradas, y si queréis más os recomiendo que leáis a Harpo, sí el mudo de los hermanos, que también nos deleita con su obra “¡Harpo habla!” que gira, cómo no, entorno a su familia, fuente inagotable de anécdotas por lo que se ve. Podéis después ver cuánto hay de realidad en ellas viendo este interesante documental sobre sus vidas “The Unknown Marx Brothers” 

Bueno, ojalá disfrutéis tanto como yo del humor de esta familia genial y especialmente de Groucho. Ya fuera detrás de una rubia despampanante o del dinero de Margaret Dumont, la actriz que siempre le acompañaba,  Groucho nos ha legado frases y escenas que forman parte de la historia del cine y del humor. Pero dejadme antes de terminar que rinda un pequeño homenaje a los que realizaron la adaptación al español de los locos diálogos de las películas de los hermanos, entre otros, a Miguel Mihura, ya que es de justicia que compartan ante nuestros ojos parte del mérito. Sin ellos “la parte contratante de la primera parte” no sería lo mismo.



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