viernes, 6 de febrero de 2015

Rincones olvidados: 125 de National Geographic

National Geographic: 126 años no son nada ¿o sí?


Hace algunos meses, hablando de piratas, os amenacé con seguir explotando las maravillosas posibilidades de la sección 910 de la biblioteca ante el incomprensible olvido que sufre. Esta vez me apetecía hablaros sobre la exploración geográfica, así que me dispuse a ojear y disfrutar de los libros que tenemos sobre ella. De repente, me topé con un libro que celebraba los 125 años de la National Geographic; tenía entre las manos los avatares de una gran institución que forma parte de la propia historia de la exploración y la ciencia. Los ojos se me abrieron como platos, estaba delante de un “Rincones olvidados” de inmensas posibilidades. La National Geographic Society no sólo ha propiciado cientos de expediciones e investigaciones científicas, también se ha preocupado especialmente por la difusión de ese conocimiento. Gracias a esta labor podemos disfrutar, entre otras, de su revista, el verdadero emblema de la institución, guías de viaje, documentales, de su excelente cartografía, de un canal de televisión y hasta de una cadena de tiendas.
Pero empecemos por el principio. En 1888, un grupo de científicos y exploradores se reunió en el Club Cosmos de Washington D.C. con la intención de crear una sociedad científica privada para financiar aventuras expedicionarias. Sus objetivos eran ambiciosos: promover la ciencia y la exploración, así como difundir el conocimiento geográfico. Para obtener recursos económicos, la sociedad creó una revista muy especializada, pero, precisamente por eso, su venta y difusión fueron muy limitadas. Por suerte, cuando Alexander Graham Bell, el famoso inventor, tomó las riendas de la sociedad, se dio cuenta que para tener ingresos debían cambiar el concepto de revista. Decidió hacerla más divulgativa, generalista y con la imagen fotográfica como seña de identidad; y el éxito de ventas no se hizo esperar.
Los ingresos propiciaron la financiación de grandes proyectos que ayudaron a alcanzar los últimos confines de la tierra. Los polos dejaron de ser lugares inaccesibles, se exploraron  las impenetrables selvas, se llegó a los picos más altos de la tierra o se descubrieron los fondos marinos. Todo con cámara en mano para deleite de sus lectores, testigos asombrados de un mundo inexplorado que dejaba de serlo.
Pero si algo ha caracterizado a la National Geographic durante su larga trayectoria, ha sido su interés por otros campos del conocimiento. Empezó con la arqueología, con exitosas campañas como fue el apoyo a Hiram Bingham para que sacara a la luz las maravillosas ruinas de Machu Pichu en 1912. También muy pronto se interesó por la conservación del medio ambiente, dando a conocer la belleza y el valor de los espacios naturales del mundo así como su rica fauna. Para ello utilizaron una poderosa arma, la imagen. La sociedad nunca escatimó ni esfuerzos ni dinero para obtener las mejores fotografías, lo que la convirtió en una pionera en ese campo.
Pero cuando la propia naturaleza era la destructora, la National Geographic también estaba allí para captar su fuerza. Erupciones, terremotos, tsunamis, incendios o tornados han llenado de imágenes espectaculares la revista y los documentales realizados por la Sociedad.
Otro bello propósito de su dilatada carrera fue convertir su revista en una ventana abierta al mundo. Cuando viajar era un privilegio para la mayoría, varias generaciones pudieron hacerlo a través de su imaginación con el único apoyo de las sugerentes imágenes que acompañaban a los artículos. La gente leía con avidez las aventuras de los intrépidos articulistas de la revista que se afanaban en mostrar lo más sorprendente de los lugares más lejanos y exóticos del planeta.
El ser humano también fue un tema de interés para la sociedad. Fueron ellos los que apoyaron a Louis y Mary Leakey para que realizaran sus investigaciones sobre los primeros homínidos que encontraron en el este de África, y también apoyaron la increíble labor durante largos años de las famosas Jane Goodall, Biruté Galdikas o Diane Fossey en sus estudios sobre  chimpancés, orangutanes y gorilas. Pero más allá de nuestros ancestros, National Geographic también se ha interesado por nuestro interior. El resultado fue una colección de fascinantes documentales que les han reportado gran cantidad de premios. Uno de los más conocidos, por el impacto mediático que tuvo, fue “En el vientre materno” donde se ve el crecimiento de un feto hasta su nacimiento.
Como veis la historia de esta increíble institución es apasionante. Lo que comenzó siendo una sociedad en busca de dinero para la exploración geográfica, fue convirtiéndose en un referente de conocimiento y divulgación a lo largo del siglo pasado. No en vano ha recibido innumerables premios, entre ellos el Príncipe de Asturias en 2006.
Sin embargo, la actual supervivencia de la institución no es fácil. El mundo que describía la National Geographic en su revista ha desaparecido, los intrépidos e ingenuos exploradores quizás ya no tendrían interés para un público como el actual, al que sorprenden ya muy pocas cosas. Pero no quiero ser negativa, confiemos en ella. Esta institución ha sido capaz de sobrevivir 126 años gracias a su constante capacidad de adaptación, y en estos tiempos no dejará de tratar de hacerlo. De hecho han decidido que en breve dejarán de editar su revista en papel, buscando un público más joven con el que poder interactuar mejor. Pero mientras el futuro llega, celebremos en “Rincones olvidados” su legado lleno de aventuras e historias increíbles, de defensa de la naturaleza y de amor por el conocimiento. Gracias National Geographic por todo y que cumplas muchos más.


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