viernes, 9 de enero de 2015

Vieja música para un nuevo tiempo

Comenzamos el año, y siendo éste electoral, qué mejor cosa que hablaros de Podemos. Quizás haya alguna mirada perpleja que no entienda qué estoy haciendo hablando de política en el blog juvenil de una biblioteca. Por favor, no lleguéis a unas conclusiones precipitadas, nadie ha dicho que vaya a hablar de política. Sea como sea, si deseáis seguir leyendo y quedaros conmigo, os diré que sí hay algo de cierto en mi afirmación de que voy a hablar de Podemos, pero por otras razones digamos más culturales.

Os confieso que me encanta escuchar la música que utilizan en las campañas los partidos políticos, siempre tan entusiasta, casi te dan ganas de creerte todo lo que te dicen y de abrazar a cualquier político que va por el mercado repartiendo cariño a cambio de votos. Así que, cuando Podemos empezó tuve curiosidad por saber cuál sería su banda sonora y tuve también esperanza, porque últimamente las campañas electorales musicalmente hablando son bastante aburridas. En el pasado las cosas eran diferentes. Fijaros lo importante que era la música en este entrañable anuncio de la campaña de Kennedy de 1960. 




Bueno, pues a lo que voy; Podemos en ese aspecto no me defraudó. Además de algunas canciones de grupos alternativos actuales y de algún guiño al repertorio republicano, resurgía con fuerza la canción protesta de los 70 gracias a canciones como “La estaca” de Lluis Llach, “Cuervo ingenuo” de Javier Krahe o “Todo cambia” de  Mercedes Sosa.
En ese momento pensé que sería bueno dedicar un nuevo artículo de Rincones olvidados a descubrir o redescubrir la canción protesta de los años 60 y 70. No sólo disfrutaremos de una música excelente, conoceremos también una época revolucionaria y contestataria con una juventud llena de ganas de cambiar el mundo.

La canción protesta no se inventó en aquellos años pero sí que esas canciones se convirtieron en verdaderos himnos para una generación. En diferentes partes del mundo, los jóvenes parecían buscar lo mismo desde diferentes contextos. A finales de los 60, en Estados Unidos hubo un movimiento contestatario muy fuerte en contra de la guerra de Vietnam y a favor de los derechos civiles de las minorías. Cantautores como Bob Dylan, Joan Baez  o Pete Seeger representaban a una nueva generación que quería denunciar las injusticias y expresar sus deseos de libertad.
En el mismo continente, bastante más al sur, en aquellos años también se fue fraguando un espíritu de lucha contra las élites y el poder  de las multinacionales norteamericanas. La música, como siempre, puso banda sonora a esas inquietudes. Figuras tan conocidas como Violeta Parra, Mercedes Sosa, Víctor Jara, Atahualpa Yupanqui o grupos como
Quilapayún denunciaron tanto las injusticias sociales como reivindicaron la música folclórica de sus países. Muchos de aquellos cantautores comprometidos, militantes además de partidos de izquierda, sufrieron después la persecución política de las dictaduras que se establecieron en el cono sur. Algunos consiguieron sobrevivir en el exilio, otros no tuvieron la oportunidad de escapar y fueron brutalmente asesinados. El caso quizás más conocido es el de Víctor Jara, torturado y asesinado por militares durante los primeros días de la dictadura de Pinochet.
En España, la canción protesta surge entre los años 60 y 70 como una forma más del activismo antifranquista. La censura empieza a aflojar en los últimos años de la dictadura y en la música se cuelan mensajes de denuncia social y deseos de libertad. Surgen también los primeros cantautores que reivindican otras lenguas para cantar, siendo los más conocidos los cantautores  Lluis Llach, Raimon, Joan Manuel Serrat o María del Mar Bonet. Cuando digo que la censura era menos estricta no significa que no existiera. Por ejemplo, Lluis Llach sufrió multas, suspensión de conciertos, detenciones o prohibiciones de sus canciones como la ya nombrada “L’ estaca”. Los conciertos de Raimon también eran muchas veces prohibidos y, de celebrarse, terminaban con disturbios y un buen número de detenidos. Sin embargo, la censura no podía evitar que la juventud más contestataria cantara esas canciones, estuvieran prohibidas o no, sintiéndolas como himnos de su lucha.
Otros cantautores utilizaron la poesía para denunciar la misma situación, lo que
aparentemente les sirvió para sortear mejor la censura. Paco Ibáñez empezó cantando la poesía de Luis de Góngora y Federico García Lorca. Tras su éxito siguió musicalizando muchos más como Rafael Alberti, Luis Cernuda, Gabriel Celaya, Antonio Machado o Miguel Hernández entre otros. Pero la censura finalmente entendió que aquel cantante se estaba convirtiendo en un peligroso símbolo de resistencia cultural y en el año 1971 se le prohibió dar conciertos en España. Joan Manuel Serrat también dedicó dos deliciosos discos a Antonio Machado y a Miguel Hernández y él también, aunque por diferentes motivos, tuvo que exiliarse.
Y ésta es solo una pequeña muestra de lo mucho que dio de sí una época vital. Consciente de la limitación de este espacio me conformaría con haber transmitido la curiosidad suficiente a alguien para que siga descubriendo más nombres, más historias y mucha música.

 A la espera de que grupos o cantautores nuevos salgan a reivindicar justicia social en este nuevo tiempo, disfrutemos de la música que hace más de cuarenta años sirvió para que una generación mostrara su malestar, su frustración, pero también su esperanza.


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