viernes, 28 de noviembre de 2014

Una comedia a la italiana


No es la primera vez que una madre, tía o abuelo me comentan que quieren compartir con sus hijos, sobrinos o nietos cine clásico. A mí siempre me ha parecido una idea estupenda; están ofreciéndoles la oportunidad de disfrutar de un gran legado que no es incompatible con el cine actual.
Y como muchas otras cosas, es mejor hacerlo desde pequeño. De esta manera, cuando creces y te vuelves también más crítico e intransigente, no lo rechazas. Hay que ver la cara de espanto que me ponen a veces algunos chicos cuando les digo que la película que me piden está en blanco y negro, que tiene más de 50 años o que es muda ¡casi me tengo que disculpar!

Así que pongamos remedio a esto dedicando un Rincones olvidados al cine clásico. Aunque esta vez me encuentro con una dificultad añadida, qué elegir. Menos mal que vino en mi auxilio la actriz Sofía Loren que acababa de cumplir 80 años. Me puse a pensar en las películas que había visto de ella, como, por ejemplo, las grandes producciones de Hollywood El Cid o La caída del Imperio Romano. Pero, qué queréis que os diga, mi Sofía Loren favorita es la que empezó en el cine italiano de la posguerra, haciendo esos papeles de imponente belleza, de gran carácter y pícara pose, que manejaba a los hombres a su antojo. Y ¡ay de aquel que le llevara la contraria!  lo menos que le podía pasar es que le tirara un plato de pasta al dente y le dijera ¡Disgraziato! moviendo las manos como corresponde a una italiana de bien.
De esta manera me di cuenta que no vendría mal desempolvar esas comedias de los años 50 y 60, una etapa brillante del cine italiano que comenzó en la dura posguerra. Las primeras películas tras la contienda se tienen que ajustar a las nuevas condiciones ya que no había estudios donde filmar y el dinero escasea. Se tomó una drástica decisión:  hacer las películas en la calle, con actores no profesionales y contando historia reales. Así nació el neorrealismo. Sin embargo, este país pronto necesitó que su cine hablara de la realidad de manera menos cruda y así poder evadirse de ella. La comedia costumbrista, sin duda, fue el mejor vehículo para ello.
Bien, pues esa comedia a la italiana tuvo la suerte de contar con un talentoso grupo de profesionales que creó películas inolvidables. Y sin duda fue una suerte porque el cine es un trabajo en equipo. Para que produzcan en nosotros el efecto deseado es necesaria la conjunción de un buen guión, un productor que crea en el proyecto, que lo organice y consiga el dinero para llevarlo a cabo, un director que le saque el mejor partido, un equipo técnico que sea capaz de producir la magia necesaria ante nuestros ojos, y unos actores que nos hagan sentir las historias y los personajes.
En este trabajo coral, los productores son los grandes desconocidos. En la Italia de aquellos años, unieron sus fuerzas dos productores de gran peso en la historia del cine, Carlo Ponti y Dino de Laurentiis. Tuvieron un buen olfato para reconocer sobre el papel si una película podía ser un éxito y la suerte de contar con los mejores profesionales para llevarla a cabo. 
En primer lugar, encontraron buenas historias de la mano de guionistas como Furio Scarpelli, Agenore Incrocci o Ettore Scola, todo un lujo. En segundo lugar, tenían un fantástico elenco de directores para hacer comedia. Estamos hablando de Dino Risi, Mario Monicelli, Stefano Vanzina alias Steno, Pietro Germi, Luigi Comencini y Vittorio de Sica. Todos conocían el entramado del cine, trabajaron no sólo como directores sino también como guionistas o actores, como fue el caso de Vittorio de Sica.
Por otro lado, los productores también contaron con excelentes intérpretes, como el propio Vittorio de Sica, Marcello Mastroiani, Totó, Vittorio Gassman, Peppino de Filippo o Alberto Sordi. Os recomiendo disfrutar de la interpretación de cualquiera de estos actores, cada uno de ellos representando a un tipo de personaje muy concreto. Pero fijaros sobre todo en Totó. En España no es muy conocido, debido posiblemente a lo difícil de exportar un humor tan particular. Su peculiar rostro, su enorme talento cómico y su capacidad de improvisación  (muchas veces actuaba sin guión) han hecho de él toda una leyenda en Italia.
Mención aparte merecen las actrices de comedia de la época. Eran el reverso perfecto de sus parejas cinematográficas. Bellas, exuberantes… pero también muy divertidas. Era ese contrapunto el que generaba muchas de las situaciones cómicas que tanto gustaban. Silvana Magnano, Gina Lollobrigida o Sofía Loren fueron un día descubiertas en concursos de belleza, pero pronto destacaron también por su talento y carisma en la pantalla.


Bien, pues del trabajo conjunto de estos profesionales podemos disfrutar de películas como Rufufú, La gran guerra, Divorcio a la italiana, Matrimonio a la italiana, Policías y ladrones, La escapada (Il sorpaso), Los camaradas (I compagni), El estafador, las tres películas de Pan, amore e…, Bocaccio 70 o El oro de Nápoles.
Si os animáis a verlas, sin duda os divertiréis. Ahora, no os confiéis pensando que este cine es frívolo, ni mucho menos.

En el fondo, estas películas están llenas de denuncia social, por eso después de ver algunas podéis tener una sensación ambigua. Al fin y al cabo, están hablando de fracasos y miserias pero he ahí la grandeza de este cine, el humor y la ironía salvan a los personajes de caer en el total pesimismo y a nosotros nos devuelven cierta esperanza de que no todo está perdido, que el humor es, muchas veces, la única arma ante el desánimo.


1 comentario:

  1. "La escapada" de Dino Risi es una pelicula buenisima, con grandes interpretaciones y un final sensacional y desolador, toda una metafora de la vida, como es en general toda la pelicula (Luis Manteiga Pousa)

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