viernes, 1 de agosto de 2014

¡¡Un nuevo relato de Nicolás!!

Pétalos ensangrentados
A primera hora de la mañana una rosa llegó a la playa. Arrastrada por las olas, los pétalos se hallaban desperdigados por el agua como un manto de sangre. Cuando el hombre la vio, sonrió satisfecho. Un instante después, se marchó caminando por el paseo marítimo.

  
 Susana se encontraba, por primera vez en semanas, feliz. Dispuesta a comenzar una nueva vida. Alzó la vista y allí estaba Orfeo, caminando por el muelle hacia ella. Traía una rosa en la mano. Susana huía de su pasado, de su hogar, del hombre que tanto mal le había hecho. Pero él no la dejaría escapar tan fácilmente. Si no podía ser feliz, ella tampoco lo sería. Orfeo le dio la rosa, aquella rosa que extrañamente encontró en su puerta al salir de casa. No se daban cuenta de la trampa en la que caían. Sin más demora, subieron al barco que los conduciría hacia un destino mejor.

   Susana y Orfeo fueron uno desde el día en que se cruzaron sus miradas. Él la embelesó, la sacó de un mundo triste, le mostró los placeres de la vida a través de sus bellas palabras. En poco tiempo, Susana tuvo que elegir entre sus dos vidas para centrarse sólo en una. La decisión no le resultó demasiado difícil.

   La suave brisa les soplaba en la cara. Los amantes miraban al firmamento, dichosos, mientras las olas mecían el barco bajo la noche estrellada.
 

   Con un beso se despertaron al alba. El mar estaba en calma. El sol despuntaba en el horizonte mientras las gaviotas saludaban al nuevo día. En ese momento, el barco se paró. El motor no funcionaba. El capitán dio órdenes de inspeccionarlo y pronto descubrieron que los cables habían sido manipulados. Cuando intentaron comunicarse por radio comprobaron que tampoco funcionaba. Estaban parados e incomunicados en medio del océano. Mientras el capitán informaba a los pasajeros de que se había producido un sabotaje, Orfeo descubrió con horror como una densa vía de agua iba fluyendo a través del casco. El pánico y la desesperación se apoderaron de las personas que corrían por la cubierta sin saber hacia dónde dirigirse. El agua avanzaba violentamente. Orfeo cogió de la mano a Susana e intentaron llegar a los botes salvavidas cuando, de pronto, una brusca sacudida les lanzó lejos, fuera de su alcance. El barco se había partido en dos. En muy poco tiempo, las aguas lo engulleron por completo. Orfeo estaba atrapado bajo los restos de un bote. A su lado se encontraba Susana, exhausta. La besó, regalándole el poco oxígeno que le quedaba antes de desaparecer en el fondo del mar arrastrado por la corriente. Susana lloraba. Se ahogaba en sus lágrimas. Una rosa pasó junto a ella, su rosa, alejándose hacia la costa mientras Susana se reunía con su amor para toda la eternidad.

   El naufragio fue portada en todos los periódicos. El hombre cerró el diario y se dirigió hacia la playa. Arrastrada por el mar, una rosa se encontraba en la arena. La observó mientras una sonrisa se iba perfilando en su rostro. Había cumplido su venganza.

                                                                                             Nicolás Gonzalo Plaza

4 comentarios:

  1. Me ha encantado. Toda una revelación, este joven escritor. Estoy deseando leer el próximo.

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  2. Me gusta. Ya leí el anterior y ahora éste.

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  3. Me gusta , misterioso , estoy esperando la segunda parte.

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