viernes, 6 de junio de 2014

¿Qué personaje eres tú? (V)

Diario de un hobbit



«En este diario se cuenta de la mano del propio Smigol o Gollum, como se le nombra en los cuentos populares, partes de su vida antes de que la locura acabe con él.»

Primer día

Ya es de día, aunque aquí no pueda ver la luz del sol, el vuelo de las aves me lo dice, predice… no, acaece…
¿Cómo se decía?
Llegué aquí hace apenas unos meses, no sabría decir cuántos y me empieza a costar pensar con claridad, pero intentaré escribir este diario por si algún día olvido quién soy.
Antes vivía en la Comarca y concretamente en Hobbiton con mi familia, que era… ¿rica?, ¿pudiente?, ¿adinerada? Eso es. Adinerada. Y todas las mañanas me levantaba e iba con mi primo Déagol a pescar. Lo hacíamos en una barca cada cual con su caña.
Me encanta pescar, y aún lo hago, todos los días me acerco al riachuelo más próximo que encuentre y pesco con las manos peces grandes, dorados, tiernos, blandos, dulces…
Entonces el día de mi cumpleaños la abuelita me regaló un anillo, el anillo, el… Su forma es perfecta al igual que su brillo, que llegaba hasta la otra punta de la Comarca, es precioso.
Al salir con la barca, como todos los días, se lo enseñé a Déagol, quien tras intentar quitármelo, lo tiré… o se resbaló… o se tiró al agua.
Todos me echaron la culpa y me tuve que ir a vivir a las cavernas más oscuras y profundas de la Tierra Media con él.

Segundo día

Habla conmigo, me cuenta cosas, cosas malas… y no para de mirarme…

Tercer día

No está, se ha ido, me lo han quitado…
He salido fuera a buscarlo.
Unos hombres me han contado quién lo tiene, quién me lo ha robado…
Su nombre: Tsharkull.

Cuarto día

Estuve preguntando durante meses por su morada, hasta que me llegó la noticia de que una bestia, que había estado arrasando todos los poblados con los que que se iba encontrando, se ha asentado en el Bosque de las Arañas tras el Monte de la Desolación…

Quinto día

Me acerqué bordeando el monte por los pantanos de fango.
Cuando entré en el bosque, lo único que veía eran arañas gigantes moribundas.
Los párpados empiezan a pesarme, buscaré un sitio para dormir.

Sexto día

Entre los árboles pude ver una gran figura.
Me acerqué despacio, y cuando pude apreciarlo bien, me dí cuenta de que esa odiosa criatura lo tenía colgado de su asquerosa bolsa y su brillo conseguía iluminar medio bosque.
Ante él, su inmensa figura, su corpulencia y su piel verdosa me aterró. Tras un momento de duda le exigí que me devolviera mi anillo mientras tenía el puño en alto gritando en tono amenazador.
Se agachó, sin lograr ponerse a mi altura, me miró y dejando emanar de su hocico un aliento apestoso me escupió una malévola carcajada.
En un arrebato de cólera, intenté trepar por su pierna una y otra vez para detenerlo mientras se movía toscamente.
Después de varios intentos y tras golpearlo sin que presentara mayor queja que mi presencia, mis brazos empezaron a cansarse. Su verdosa figura se oscureció y su forma empezó a distorsionarse. Intenté huir, pero las sombras que acababan de aparecer me rodeaban por todos lados sin dejarme escapatoria, y en el momento en el que me rozaron, ya no pude ver nada más que oscuridad. La oscuridad me absorbía…


«Y aquí acaba la historia de Gollum antes de que su locura acabara con su persona.»  


                                                                                  Miguel A. Muñoz

                                                 

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