viernes, 9 de mayo de 2014

¿Qué personaje eres tú?(IV)



ALIENS


Hola, me llamo Blanca y soy de Segovia. Seguramente no me conoces, pero alguna vez me has visto en Segovia; pero bueno, no me voy a enrollar contando mi vida. Yo estoy aquí para contarte una historia que me sucedió no hace mucho tiempo. ¡Ah, que se me olvidaba! Os quiero presentar a los demás protagonistas: Marian, Ana, Pablo, Javier, Diego, María, Inés y Lola.
Todo empezó durante una noche cualquiera. Habíamos quedado en la plaza del pueblo. Era el primer día de julio y, por fin, nos volvíamos a reunir todos después de un largo curso escolar. Cogimos las bicis y nos dirigimos al parque donde íbamos todos los chicos del pueblo. Cuando llegamos no había nadie y nos sentamos en un banco; como no hacía mucho calor el banco estaba helado. Empezamos a hablar sobre las cosas y aventuras que habíamos vivido sin vernos. Pablo contó la historia de un extraterrestre que había escrito para la asignatura de Lengua. Misteriosamente todos empezamos a comentar las ridiculeces y tonterías más tontas sobre aliens. Ya aburridos de estar sentados en ese frío banco, nos fuimos a Cuatro Caminos. De repente, María dijo:

–¡Eh! ¡Mirad esa luz tan rara que hay allí!
Ana y María se acercaron sin miedo, como si fuera algo que ya conocían. De repente, apareció una figurita rara, espectral. Hablaba un idioma desconocido que ninguno habíamos oído.
–¡Ese idioma lo conozco! –dije extrañada–. Pero ¿cómo lo pueden hablar? Soy la única que lo sé. ¿Os acordáis del idioma que había inventado? Creo que es ése. Esperad, voy a buscar en mi mochila –. Allí tengo un bolígrafo y una hoja; voy a escribirle para asegurarme qué es lo que desea comunicarnos.
Y así lo hice. Cogí el boli y escribí xxxxxxxxxxx, lo cual quiere decir: «¿Me podrías decir qué quieres decirnos?». El alien, acto seguido, cogió el boli y empezó a escribir lo que antes nos había intentado decir:
–¡Hola, me llamo Anaita. Vengo del planeta Otraplanate y he sido enviado a la Tierra para buscar a la chica que ha descubierto nuestro idioma, para que así nos enseñe vuestro idioma y vuestra cultura. Por lo que veo ya la he encontrado –traduje al español.
Todos me miraban. Yo no sabía qué hacer, de manera que me acerqué a Mariam, mi mejor amiga. Sigilosamente le di un pequeño toque para que dijera algo; el silencio que había en ese momento era muy incómodo.
–Hola, soy Mariam –dijo Mariam a Anaita–. Blanca, ¿me haces el favor de traducirme? –me preguntó.
Yo asentí y así lo hice. Traduje uno a uno cada presentación y les pregunté a mis amigos que si les apetecía ayudarme a enseñarle nuestro idioma.
–Le hemos encontrado entre todos, pues ¡claro que te ayudaremos! –dijo Lola en nombre de todos.
–Chicos, pero es casi la hora de irnos, son las once y media –dijo Javier.
–Bueno, pero entonces ¿qué hacemos con Anaita? –preguntó Inés.
–Uno de nosotros se lo va a tener que llevar –contestó Pablo.
–Y ¿quién quiere llevárselo? –les pregunté.
Rápidamente Ana y María alzaron la mano diciendo a la vez «¡Yo!». Pablo miró a su hermana Ana con cara de malos humos y le dijo:
–Nosotros no nos lo llevamos, no sabemos ni su idioma. Que se lo lleve Blanca, como ella es tan lista…
–Sí, lo mejor es que se lo lleve ella, pero mañana nos lo llevamos nosotras –dijo Marian.
–¡Vale! –contesté–. Vayámonos antes de que venga alguien.
–Pero si aquí no viene nadie por la noche, solo la furgoneta fantasma –dijo Diego para asustarnos.
Le dije a Anaita que no se moviese cuando hubiera gente delante y acordamos no decírselo a nadie.
Cuando llegué a casa, Anaita recitó estas palabras justo antes de entrar: «Ene rui tossonisistopidaninti». Y lo repitió unas seis veces. Luego nos fuimos a dormir. Sobre las tres de la mañana me desperté volando en mi habitación, al igual que todas las demás cosas que tengo en mi cuarto. Desperté a Anaita y todo volvió a su sitio. Por la mañana fuimos a casa de Lola e Inés y luego todos decidimos enseñarle el pueblo. Cuando pasamos por delante de una casa, Anaita se asustó:
–Hea eqa elgaim –dijo.
–¿Notas a alguien? –le pregunté.
De pronto, aparecieron unas manos y unas palabras escritas.
–¡Aquí hay alguien!
Nos acercamos al río y éste empezó a levantarse. No sabíamos qué hacer. Anaita se encontraba muy mal. Teníamos tanto miedo que salimos corriendo, y cuando nos paramos, nos dimos cuenta de que había desaparecido Ana. Fuimos a buscarla al río pero no había nadie. Buscamos pistas y encontramos el bolso de Ana, pero nada más. Vimos unos pergaminos. En ellos había una nota escrita que decía que estaba en el bosque. Fuimos en su busca, pero no la encontramos. Solo vimos huellas que se no se dirigían a ningún sitio. De repente, Javier se encontró con algo transparente; era como una puerta. Buscó el picaporte y entró. Allí estaba Ana junto a otros aliens. Intenté hablar con ellos, pero no dio resultado, no me escuchaban.
María no dejaba de jugar con una pistola. Sin querer, disparó a uno y cayó vencido. Y así hicimos con los demás. Cuando salimos de allí, decidimos despedirnos de Anaita. Por la tarde se tendría que ir, era lo mejor para todos.
Ese día le enseñamos todo lo que quería saber y por la noche nos despedimos de ella.



                                                                                            Blanca Vírseda

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