miércoles, 24 de abril de 2013

Tras la estela de un cuadro





Es esta la primera obra escrita por el joven autor  Alberto Martín García (Segovia, 1982), con la que quedó finalista en el prestigioso certamen Ateneo Joven de Sevilla en 2012. Profesor de la Universidad de Valladolid y colaborar del periódico de Segovia “El Adelantado” con su blog "Con A de aprender", Alberto escribía relatos cortos con gran aceptación entre sus amigos que le pidieron que llevara sus ideas a una obra mayor; y con tanto acierto lo hizo que alcanzó este merecido premio.



N MAR tra
Sinopsis

En 1964, Carlos y su padre se trasladan a vivir a Monteviela, una pequeña aldea situada junto al mar Cantábrico, para comenzar allí una nueva etapa en sus vidas.

A sus diecisiete años, Carlos se siente atrapado en esa indefinición entre la adolescencia y la madurez, mostrando curiosidad por todo cuanto le rodea. Luz, una anciana que deciden contratar como ayudante de hogar, responde con evasivas a las preguntas del joven acerca de los cuadros que presiden las estancias del viejo caserón que habitan. Carlos no cesará en su empeño por desentrañar lo que se esconde tras la firma de Ángela y descubrirá, al tiempo que el amor y la verdadera amistad, una historia silenciada por los años que pesa sobre la conciencia de todo un pueblo.

Un alegato a los sentimientos más nobles, a la redención y la búsqueda de la paz interior, a la firme creencia en las segundas oportunidades que la vida nos brinda.


 Comentario
 
“Tras la estela de un cuadro” alterna la voz presente y pasada de Carlos Carrasco, actualmente un hombre de 65 años que recuerda los hechos ocurridos cuando era adolescente y vivió  durante  once meses en un pequeño pueblo costero de Cantabria: “ “Fue el lugar donde menos tiempo viví y del que guardo mayores recuerdos”. Y nos es para menos, porque durante ese tiempo Carlos conoció a Héctor, el mejor amigo que tuvo nunca;  a Mariana, su primer e inolvidable amor; la auténtica amistad a través de Luz, Goyo o Saúl; y, también, el miedo a las consecuencias de su intromisión en las vidas de algunos habitantes del pueblo.


El autor ha sabido conjugar todos los ingredientes para que la obra despierte nuestro interés: tiene carga dramática, y mucha;  tiene  humor, desde el punto de vista de un adolescente un tanto irónico; tiene misterio, que se va desvelando poco a poco, dosificándolo en su justa medida; y tiene, como no, amor. Pero, aún más, a pesar de su juventud, Alberto nos va regalando una serie de reflexiones acerca del papel de la mujer en la sociedad, el horror de la Guerra Civil o  cómo enfrentarse a la muerte de un ser querido.


Una obra que va creciendo y madurando, con unos personajes principales entrañables  bien definidos y una trama bien construida que no deja cabos sueltos. Poco a poco nos va envolviendo en la magia de la pintura colorista de Ángela y en su historia y ya no podemos dejar de seguir la estela de sus cuadros.

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