jueves, 16 de agosto de 2012

David Monteagudo



David Monteagudo (Viveiro, Lugo, 1962), gallego afincado en Cataluña, descubrió su vocación literaria a los cuarenta años. En Acantilado han aparecido sus novelas Fin (2009), Marcos Montes (2010) y Brañaganda(2011). 


N MON mar
Marcos Montes nos habla de las peripecias de un obrero que trata de salir de una mina de oro tras un accidente, y de las dificultades que encuentra para conseguirlo. Es además la confluencia entre seres exhaustos y angustiados por una suerte dudosa. Pero es también, quién sabe si por encima de todo, defensa y apología del perdón, tanto del ajeno como del propio. David Monteagudo, con la habilidad narrativa y las cualidades con las que nos sorprendió en Fin, nos conduce de nuevo—y nos conmueve—en un viaje que acaricia los valores esenciales y más livianos del alma humana.









N MON fin
Un grupo de antiguos amigos, que ya no tienen nada en común excepto un turbio episodio del pasado, se reúne en un refugio de montaña para pasar un fin de semana. La reunión sigue fielmente el guión habitual de estos casos, pero, en plena celebración, un acontecimiento externo alterará por completo sus planes. Sometidos a una creciente presión, cada individuo interpretará los acontecimientos según sus particulares obsesiones; y entre confesiones y rencillas largamente incubadas se irá recomponiendo un esquema sórdido e intrincado de las relaciones que los habían unido en el pasado, todo ello bajo la sombra de una amenaza cada vez más cercana y palpable.








N MON bra

¿Existe el lobishome, un ser a medio camino entre lo humano y lo salvajemente animal? ¿Có­mo explicar la muerte violenta de tantas mujeres en un pueblo de la Galicia profunda? Mientras el marido de la maestra local se empeña en dar explicaciones objetivas y racionales a los hechos, el lector asistirá atónito a unos acontecimientos que desdibujan sus perfiles mientras se adentran en oscuras regiones. Tal vez, después de todo, el lobishome no sea más que el brazo ejecutor de un enigmático juez moral, tan riguroso como arbitrario, dispuesto a castigar los pecados sórdidos, fieramente humanos, que se han gestado en la aislada y rural Brañaganda. 


En la biblioteca lo hemos leído  y te lo recomendamos. Este libro está estupendamente escrito, engancha desde la primera página y nos sumerge en la vida de una aldea gallega de posguerra, en la que se van produciendo asesinatos, que los aldeanos tratan de explicar mediante su antigua leyenda de los “alobados”.
La historia está escrita en primera persona y su narrador es un chaval de trece años,  que nos va contando estos hechos sangrientos, que se desarrollan en su pequeño mundo repleto de bellos paisajes, personajes entrañables (o no tanto) y ambientes opresivos, cargados de rencores de la guerra civil.
El autor ha confesado que esta novela es en parte autobiográfica y está llena de  sus propios recuerdos infantiles. El final es inesperado y sorprendente. No te defraudará.


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