viernes, 27 de febrero de 2015

Enrique V. Vegas


Título: Diarios de guerra
Autor: Enrique V. Vegas
Editorial: Panini

Sinopsis de la editorial:

En Diarios de Guerra se concentra en el lado humano de la guerra utilizando como telón de fondo la guerra de Afganistán. A través de las visiones subjetivas de cuatro personajes; un mercenario, un soldado norteamericano, una niña afgana y un corresponsal de guerra, el lector se acercará de primera mano al conflicto, asumiendo las dudas, temores y reflexiones de las personas reales que vivieron el conflicto. 



El autor


Enrique V. Vegas nació en Segovia en 1967. Se formó en Madrid donde estudió arte publicitario en la Escuela de Artes y Oficios de Madrid. Comenzó en la editorial Dude dibujando superhéroes, pero tras su paso por el mundo de la Animación, surgieron sus famosos "cabezones". Ya  en la editorial Dolmen, Vegas inicia una larga serie de parodias de películas famosas, como "El cabezón de los anillos",  "El cabezón oscuro" o "Los cabezones del Caribe". Además, ha publicado la trilogía "Kobe", un samurai en el Japón feudal del siglo XII. 


Si queréis conocerle mejor, podéis leer la entrevista que le hicieron en la revista +QueCómics

Nuestro comentario

El título "Diarios de guerra" y el prólogo de David Jiménez, corresponsal de guerra para un periódico de tirada nacional, ya nos dan una pista de lo que nos vamos a encontrar en las páginas de este cómic. No os engañéis; bajo la imagen dulce y sin aristas de los dibujos de Vegas hay una trágica realidad: la guerra de Afganistán.



Divide el cómic en tres capítulos, cada uno con una historia cerrada e independiente: el mercenario, el corresponsal de guerra, el soldado y la niña afgana. Tres historias, narradas en primera persona, que no pueden tener un final feliz porque en la vida real tampoco lo tienen.
Con una técnica de linea clara y aguada de grises, Vegas nos pone en situación, nos coloca en el centro de la acción para que seamos nosotros los que visualicemos el desenlace, evitando él las escenas más cruentas.  Sus personajes, esos seres deformes de enormes ojos, nos transmiten el miedo, la angustia o la tensión con sus gestos, con sus miradas.

El protagonismo del relato lo tiene la imagen, que marca el pulso narrativo; los textos son poco abundantes,  aunque concisos y claros en cuanto a su contenido: 



  • "Siempre me gustaron las películas de guerra... por eso me alisté. Yo también quería ser un héroe, luchar por la justicia y la libertad...pero después de muchos años luchando, no he visto demasiada justicia ni libertad" 
  •  "El trabajo de un periodista es enseñar lo que nadie quiere ver... incluso aunque a nadie le interese" 
  •  "Nos repiten continuamente que estamos en una misión de paz ... pero no es cierto ... Nos guste o no, esto es una guerra" .





Estas son algunas de las frases que nos vamos a encontrar entre las páginas de estos "Diarios de guerra"; una invitación a reflexionar sobre la terrible realidad de los conflictos bélicos, lamentablemente, noticia habitual en nuestros informativos.

Otras obras del autor en nuestra biblioteca son:
  • "Los cabezones de las galaxias"
  • "Leinad"
  • "Matris"
  • "Cabezón de acero"




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viernes, 20 de febrero de 2015

Recomendación de teatro para febrero


Monólogos, o como partirse de risa



Lejos del teatro clásico universal, donde los monólogos solían tener una enorme carga dramática (recordemos los de Segismundo, protagonista de “La vida es sueño” de Calderón de la Barca; o los de Hamlet, personaje creado por Shakespeare), cuando alguien oye hablar de monólogos hoy en día, es para echarse a reír.
Los que se prodigan por teatros y platós de televisión, tienen todas las características cómicas para llegarnos a desternillar.

Como sabemos que os encantan y, es más, que os gustaría imitar a vuestros actores y actrices favoritos, hemos querido poner a vuestra disposición algunos ejemplos que tenemos en la biblioteca.

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Los dos primeros libros (“Ventajas de ser incompetente y otros monólogos de humor” y “Episodio III) recogen una buena colección de asuntos cotidianos desarrollados de forma original, breve y muy divertida por los participantes en el programa televisivo “El club de la Comedia”. Los monólogos que aquí aparecen están organizados por temas; así podréis elegir aquellos que os parezcan más interesantes, los que traten de forma más crítica nuestra realidad o los que se hayan escrito con más sentido del humor.

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“Hablar es gratis” es una recopilación de los monólogos con los que, el comunicador Andreu Buenafuente, suele comenzar sus programas de televisión. Todos ellos tienen en común que están inspirados en la crisis que soportamos desde hace ya unos años y seguro que los temas que tratan también os serán cercanos y, por sensibles que sean, siempre los suavizará el ponerles unas gotas de humor.




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Para terminar hemos querido elegir el libro “Cómo orquestar una comedia”(Los recursos más serios para crear gags, monólogos y narraciones cómicas más desternillantes). El autor, John Vorhaus, es un novelista norteamericano, guionista de famosas series de televisión y autor de libros que enseñan cómo escribir comedias.
Pensamos que además de poder representar estos textos como ejercicio de interpretación y para vencer el miedo escénico, pues estaréis solos frente al peligro, también os pueden interesar los trucos para escribir vuestras propias obras, largas o cortas, de muchos personajes o de uno solo.




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viernes, 13 de febrero de 2015

Recomendación de poesía para febrero

¡Que está aquí San Valentín!
No es una amenaza, es algo así como una advertencia para que no caigáis en la misma tentación de cada año: ¡consumir, consumir, consumir!

Nuestra alternativa es más barata y sencilla, pero seguro que mucho más romántica.
En definitiva, muy apropiada para estos tiempos de crisis y también para hacernos pensar que las cosas no son sino cosas; pero una canción, una caricia, una sonrisa, una frase de cariño, se nos quedan prendidas al corazón.

Os proponemos regalar bellas palabras, versos, recitados o cantados, que digan lo que sentís por esa persona especial.

Estos libros de poemas y canciones sólo son una referencia, una invitación o incitación más bien, para que lo que regaléis sean vuestras propias palabras y sentimientos. Pero en caso de que las musas os esquiven, aquí tenéis unos comodines que poder usar.



José María Plaza (Burgos, 1964) es escritor, periodista y fotógrafo. Como periodista se ha dedicado principalmente a la Cultura y la Educación en periódicos y suplementos. Como escritor, además de obras para adultos, también tiene abundante literatura infantil y juvenil. En cuanto a los libros que nos ocupan, ha realizado diversas antologías literarias para jóvenes, como “Canciones de amor y dudas” (con unas ilustraciones de Antonio de Felipe muy curiosas, que suponen un viaje publicitario por décadas pasadas)
y la selección poética “De todo corazón 111 poemas de amor” acompañada por las características y coloristas ilustraciones de la diseñadora Ágatha Ruiz de la Prada.


El tercer libro que os presentamos es también una antología, “Poemas de amor”: selección de poetas actuales que participan en la Tertulia Literaria Arandina y Ribereña (Telira), la cual edita sus propios libros. Aquí tenéis distintas visiones de los sentimientos y de las vivencias de los mismos.









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viernes, 6 de febrero de 2015

Rincones olvidados: 125 de National Geographic

National Geographic: 126 años no son nada ¿o sí?


Hace algunos meses, hablando de piratas, os amenacé con seguir explotando las maravillosas posibilidades de la sección 910 de la biblioteca ante el incomprensible olvido que sufre. Esta vez me apetecía hablaros sobre la exploración geográfica, así que me dispuse a ojear y disfrutar de los libros que tenemos sobre ella. De repente, me topé con un libro que celebraba los 125 años de la National Geographic; tenía entre las manos los avatares de una gran institución que forma parte de la propia historia de la exploración y la ciencia. Los ojos se me abrieron como platos, estaba delante de un “Rincones olvidados” de inmensas posibilidades. La National Geographic Society no sólo ha propiciado cientos de expediciones e investigaciones científicas, también se ha preocupado especialmente por la difusión de ese conocimiento. Gracias a esta labor podemos disfrutar, entre otras, de su revista, el verdadero emblema de la institución, guías de viaje, documentales, de su excelente cartografía, de un canal de televisión y hasta de una cadena de tiendas.
Pero empecemos por el principio. En 1888, un grupo de científicos y exploradores se reunió en el Club Cosmos de Washington D.C. con la intención de crear una sociedad científica privada para financiar aventuras expedicionarias. Sus objetivos eran ambiciosos: promover la ciencia y la exploración, así como difundir el conocimiento geográfico. Para obtener recursos económicos, la sociedad creó una revista muy especializada, pero, precisamente por eso, su venta y difusión fueron muy limitadas. Por suerte, cuando Alexander Graham Bell, el famoso inventor, tomó las riendas de la sociedad, se dio cuenta que para tener ingresos debían cambiar el concepto de revista. Decidió hacerla más divulgativa, generalista y con la imagen fotográfica como seña de identidad; y el éxito de ventas no se hizo esperar.
Los ingresos propiciaron la financiación de grandes proyectos que ayudaron a alcanzar los últimos confines de la tierra. Los polos dejaron de ser lugares inaccesibles, se exploraron  las impenetrables selvas, se llegó a los picos más altos de la tierra o se descubrieron los fondos marinos. Todo con cámara en mano para deleite de sus lectores, testigos asombrados de un mundo inexplorado que dejaba de serlo.
Pero si algo ha caracterizado a la National Geographic durante su larga trayectoria, ha sido su interés por otros campos del conocimiento. Empezó con la arqueología, con exitosas campañas como fue el apoyo a Hiram Bingham para que sacara a la luz las maravillosas ruinas de Machu Pichu en 1912. También muy pronto se interesó por la conservación del medio ambiente, dando a conocer la belleza y el valor de los espacios naturales del mundo así como su rica fauna. Para ello utilizaron una poderosa arma, la imagen. La sociedad nunca escatimó ni esfuerzos ni dinero para obtener las mejores fotografías, lo que la convirtió en una pionera en ese campo.
Pero cuando la propia naturaleza era la destructora, la National Geographic también estaba allí para captar su fuerza. Erupciones, terremotos, tsunamis, incendios o tornados han llenado de imágenes espectaculares la revista y los documentales realizados por la Sociedad.
Otro bello propósito de su dilatada carrera fue convertir su revista en una ventana abierta al mundo. Cuando viajar era un privilegio para la mayoría, varias generaciones pudieron hacerlo a través de su imaginación con el único apoyo de las sugerentes imágenes que acompañaban a los artículos. La gente leía con avidez las aventuras de los intrépidos articulistas de la revista que se afanaban en mostrar lo más sorprendente de los lugares más lejanos y exóticos del planeta.
El ser humano también fue un tema de interés para la sociedad. Fueron ellos los que apoyaron a Louis y Mary Leakey para que realizaran sus investigaciones sobre los primeros homínidos que encontraron en el este de África, y también apoyaron la increíble labor durante largos años de las famosas Jane Goodall, Biruté Galdikas o Diane Fossey en sus estudios sobre  chimpancés, orangutanes y gorilas. Pero más allá de nuestros ancestros, National Geographic también se ha interesado por nuestro interior. El resultado fue una colección de fascinantes documentales que les han reportado gran cantidad de premios. Uno de los más conocidos, por el impacto mediático que tuvo, fue “En el vientre materno” donde se ve el crecimiento de un feto hasta su nacimiento.
Como veis la historia de esta increíble institución es apasionante. Lo que comenzó siendo una sociedad en busca de dinero para la exploración geográfica, fue convirtiéndose en un referente de conocimiento y divulgación a lo largo del siglo pasado. No en vano ha recibido innumerables premios, entre ellos el Príncipe de Asturias en 2006.
Sin embargo, la actual supervivencia de la institución no es fácil. El mundo que describía la National Geographic en su revista ha desaparecido, los intrépidos e ingenuos exploradores quizás ya no tendrían interés para un público como el actual, al que sorprenden ya muy pocas cosas. Pero no quiero ser negativa, confiemos en ella. Esta institución ha sido capaz de sobrevivir 126 años gracias a su constante capacidad de adaptación, y en estos tiempos no dejará de tratar de hacerlo. De hecho han decidido que en breve dejarán de editar su revista en papel, buscando un público más joven con el que poder interactuar mejor. Pero mientras el futuro llega, celebremos en “Rincones olvidados” su legado lleno de aventuras e historias increíbles, de defensa de la naturaleza y de amor por el conocimiento. Gracias National Geographic por todo y que cumplas muchos más.


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viernes, 30 de enero de 2015

Georgos


Título: Georgos
Autor: Carolina Lozano
Editorial: Edebé
Colección: Periscopio, 15

Sinopsis de la editorial
Como cada mañana, la bestia se acercó a beber a la orilla. Miró a su alrededor, los ojos negros, pequeños e inteligentes observando los matorrales cercanos. La lengua bífida, delgada como su cráneo alargado, entraba y salía de la boca trayéndole olores desde una distancia de varios kilómetros. Los animales huían de él, o se escondían, pero no importaba, porque él era un maestro de la caza. Pasaron algunas horas, pero ninguna prisa lo espoleaba. Simplemente esperaba paciente…

¿Mito o realidad? En una lejana época medieval, los asaltos al ganado y las muertes de varias personas parecen apuntar a que el monstruo ha regresado y está provocando que surja un caballero capaz de vencerlo.


El autor


Carolina Lozano nació en Barcelona, en 1981, y vive en El Masnou. Licenciada en Biología, su pasión por la lectura le lleva a escribir sus propias historias. Ha publicado más de una docena de títulos de novelas juveniles con temática fantástica como, por ejemplo, la saga “Las sendas de la Profecía”, “Diabólica”, o las novelas ambientadas en Escocia “Taibhse” y “Brigh”.

En su web podéis encontrar información sobre sus libros, leer los primeros capítulos, curiosidades y anécdotas.




Nuestro comentario

San Jorge fue un tribuno romano cristiano, nacido en Capadocia, que fue torturado y muerto por orden del emperador Diocleciano en el año 303 d.C. Pero no es hasta el siglo XI cuando se le relaciona con con la leyenda del dragón; leyenda ésta que se contaba por toda Europa, e incluso en Japón, y que probablemente es el origen de todas las historias sobre dragones, princesas y caballeros que encontramos en la literatura. 

Partiendo de esta base, la autora nos adentra en la vida de una ciudad medieval con su duque, su convento, los nobles y los campesinos que la pueblan. Con un buen trabajo de documentación, nos muestra las relaciones entre ellos, las intrigas políticas y los problemas sociales que vivía la población en la Edad Media. A través de una situación de crisis como es la aparición del monstruo, nos hace entender las razones de cada personaje para actuar de la manera que lo hacen: para algunos, el egoísmo y el interés personal ; para otros, la bondad y el bien común. Es, por tanto, la clásica lucha la lucha del bien contra el mal,  del que sale victorioso, como no, el bien ¡¡no en vano es un cuento de hadas!!

Los protagonistas de "Georgos" representan perfectamente los modelos tipo de la literatura de doncellas y dragones, descendiente de la literatura oral:

  • El duque Berenguer, educado en la creencia de que un gobernante no se puede mostrar flexible con sus súbditos, ni siquiera con su familia.
  • La bella Elisenda, princesa bondadosa que, aún pudiendo evitarlo, prefiere sacrificarse por su pueblo.
  • La inteligente Blanca, hija pequeña del duque y, como tal, entregada al convento.
  • El impetuoso Illart Amat, prometido de Elisenda, ávido seguidor de las historias de caballeros y buscador de la gloria
  • Y Georgos, representante del Papa, que se dedica a viajar recogiendo información sobre los sucesos más inverosímiles.
  • El dragón es el único personaje del que no sabemos nada, excepto que está provisto de un largo hocico y afilados dientes. ¡Ah, y que es carnívoro!

Los personajes secundarios tienen un papel muy importante también en la obra: la abadesa, el representante de los campesinos,... todos realizan su función en esta sociedad marcada por la falta de libertad. Es impresionante cómo aceptan el sorteo diario de todos los pobladores del burgo para ser expuestos a la bestia.  

Nos ha gustado el ritmo que ha ido marcando la autora, siendo imposible al final no sentir una gran impaciencia por el desenlace en cada página que terminas. La carga dramática va también creciendo a medida que los sucesos se vuelven más imposibles de controlar. Y aunque la autora va dejando pistas por la obra, el final lo lees con el corazón en un puño.

Una lectura, sin duda, recomendable. Amena y fácil de leer, con la dosis justa de amor, aventura e intriga. Además, San Jorge es un santo muy "librero" porque se celebra su festividad el 23 de abril, Día del Libro.






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viernes, 23 de enero de 2015

Recomendación de teatro para enero

 Nuestra recomendación para este mes la componen obras de autores actuales, vinculados al mundo del teatro de forma integral, tanto por la escritura, como por el montaje y la interpretación. Además todos ellos viven su relación con la dramaturgia, como un compromiso con la sociedad en general y con sus conflictos en particular.

Julio Escalada (Madrid, 1963) es actor, director y dramaturgo, Licenciado en Interpretación, Dirección de Escena y Dramaturgia por la Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid. Comenzó como actor pero después diversificó sus actividades artísticas, dedicándose a enseñar interpretación, a escribir y dirigir obras de teatro y a la investigación e innovación en las Artes Escénicas.”Invierno”, forma parte de la tetralogía Cuatro estaciones y ha sido premiada por la SGAE. Es una obra sobre las relaciones humanas; en ella, el autor compone un puzle con diferentes escenas y personajes que al final forman un todo, un cuadro general. Un parque en invierno es el escenario donde se desarrolla la trama y donde vemos cómo los lazos que nos unen a las personas más próximas, tienen un ciclo de vida como los árboles del parque y también como a ellos les llega el invierno, el frío y la soledad.

Juan Diego Botto (Buenos Aires, Argentina, 1975), es un actor hispano argentino de cine y teatro, pero también dramaturgo y director teatral. Marcado por su historia personal (su padre fue uno de los desaparecidos de la dictadura argentina en 1977 y su familia emigró a España al año siguiente), es un hombre comprometido social y políticamente y eso se refleja en su trabajo y en las obras que escribe. Así se demuestra en estas tres piezas cortas que tienen como denominador común las migraciones humanas. “El privilegio de ser perro” es un monólogo que reflexiona sobre la sinrazón y la hipocresía de esta sociedad políticamente correcta, que es capaz de apalear a una persona por maltratar a un perro; también sobre el desarraigo de aquellos que tienen que dejar su país, su gente, para buscar un futuro incierto. Las otras dos obras son diálogos con apariencia también de monólogos:
En “Arquímedes” vemos que siempre hay argumentos para el odio; la Historia puede ser interpretada como nos convenga para engañarnos y poder seguir viviendo.”La carta” muestra la ingenuidad y la ilusión de un joven por encontrar su futuro en una tierra prometida que dista mucho de ser perfecta. El libro lo completa la obra de otro escritor argentino, Roberto Cossa, “¡Definitivamente, adiós!”, es una historia familiar de ida y vuelta, donde se repiten los exilios y las derrotas, pero también el espíritu luchador.

Yolanda Pallín (Madrid, 1965), José Ramón Fernández (Madrid, 1962; Premio Nacional de Literatura Dramática) y Javier García Yagüe (Madrid, 1961), son los tres dramaturgos creadores de la obra “Las manos” (primera parte de la Trilogía de la Juventud). Este proyecto del centro Cuarta Pared, trata de hacer un repaso sobre cómo han ido evolucionando los jóvenes en el último siglo, a la vez que cambiaba el entorno. En esta primera obra de la trilogía, son las estaciones del año las que dividen la obra en cuatro actos, pues en el mundo rural, en la agricultura tradicional, eran las que marcaban el ritmo vital: el trabajo y las faenas del campo y el escaso tiempo de ocio.
El título “Las manos” hace referencia a cuál era y dónde residía la fuerza, el capital y el futuro de una persona, fueras hombre o mujer; en una época en la que la tierra presidía y condicionaba todo. Si bien ya se apunta a la ciudad como vía de escape o lugar donde se podía encontrar una alternativa de vida.


Cuarta Pared nació en 1986 como centro de investigación y formación teatral, creando también una compañía para producir y exhibir sus propios montajes. El objetivo de este colectivo era renovar el mundo del teatro a través de un compromiso con la sociedad de su tiempo, representando las obras de los nuevos dramaturgos y dando respuesta a unos espectadores más inconformistas que demandaban un teatro más audaz en el fondo y en la forma.
Todo ello ha hecho que el proyecto Cuarta Pared, haya llegado hasta nuestros días y se haya convertido en un centro teatral de referencia a nivel internacional.

Esperamos que los tres libros os resulten interesantes y cercanos; pues los temas y personajes os sonarán actuales y cercanos. Así, tal vez, penséis en estas obras como posibles espectáculos para vuestras propias representaciones.




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viernes, 16 de enero de 2015

Recomendación de poesía para enero



Juan Hedo, poeta y cantautor nacido en Ávila en 1971, pero muy vinculado a Segovia, donde reside desde hace tiempo. Es Licenciado en Filología por la Universidad Complutense de Madrid y ha explorado, además de las ya mencionadas, otras facetas creativas, como la narrativa o la pintura.

Este espíritu libre y cosmopolita, se ha imbuido de todo tipo de culturas e influencias, que ha sabido incorporar a sus obras, con imágenes, músicas o palabras que nos transportan a lugares, unas veces exóticos y lejanos y otras a vivencias y paisajes cercanos y familiares.

Aquí vamos a presentar cuatro de sus poemarios:


“Desde el alto Guadarrama” y “Tierras ajenas”. Fueron escritos en 1997 y 1998, respectivamente. Son los inicios del autor, poesía fresca e inocente, muy vinculada al paisaje cercano de su juventud. Aunque en “Tierras ajenas”, el protagonismo no es sólo para la naturaleza, sino para el autor y sus reflexiones personales, vitales, que encuentran su reflejo en el entorno.


“Fugas en verso” y “Bestiario de mil corolas” componen una recopilación de apuntes, de pensamientos cazados al vuelo y apresados en una hoja de papel. Una foto fija para grabar un momento y unas sensaciones tan fugaces que la memoria después no guardaría.

“Verdes, veranos verdes” es como un gran mural compuesto por postales literarias de muy diferentes lugares y personas en el tiempo estival, con la luminosidad y el ajetreo que caracteriza esta época del año.


“Poemas isolados” son versos de diversos lugares y épocas; más prosaicos, menos líricos y más apegados a la cotidianidad, a sucesos normales y rutinarios, que, en un instante determinado, nos sugieren algo distinto y cobran un sentido especial. (Isolado en portugués significa aislado, poco frecuente), para Juan Hedo representa lo absurdo, el concepto, la abstracción.


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viernes, 9 de enero de 2015

Vieja música para un nuevo tiempo

Comenzamos el año, y siendo éste electoral, qué mejor cosa que hablaros de Podemos. Quizás haya alguna mirada perpleja que no entienda qué estoy haciendo hablando de política en el blog juvenil de una biblioteca. Por favor, no lleguéis a unas conclusiones precipitadas, nadie ha dicho que vaya a hablar de política. Sea como sea, si deseáis seguir leyendo y quedaros conmigo, os diré que sí hay algo de cierto en mi afirmación de que voy a hablar de Podemos, pero por otras razones digamos más culturales.

Os confieso que me encanta escuchar la música que utilizan en las campañas los partidos políticos, siempre tan entusiasta, casi te dan ganas de creerte todo lo que te dicen y de abrazar a cualquier político que va por el mercado repartiendo cariño a cambio de votos. Así que, cuando Podemos empezó tuve curiosidad por saber cuál sería su banda sonora y tuve también esperanza, porque últimamente las campañas electorales musicalmente hablando son bastante aburridas. En el pasado las cosas eran diferentes. Fijaros lo importante que era la música en este entrañable anuncio de la campaña de Kennedy de 1960. 




Bueno, pues a lo que voy; Podemos en ese aspecto no me defraudó. Además de algunas canciones de grupos alternativos actuales y de algún guiño al repertorio republicano, resurgía con fuerza la canción protesta de los 70 gracias a canciones como “La estaca” de Lluis Llach, “Cuervo ingenuo” de Javier Krahe o “Todo cambia” de  Mercedes Sosa.
En ese momento pensé que sería bueno dedicar un nuevo artículo de Rincones olvidados a descubrir o redescubrir la canción protesta de los años 60 y 70. No sólo disfrutaremos de una música excelente, conoceremos también una época revolucionaria y contestataria con una juventud llena de ganas de cambiar el mundo.

La canción protesta no se inventó en aquellos años pero sí que esas canciones se convirtieron en verdaderos himnos para una generación. En diferentes partes del mundo, los jóvenes parecían buscar lo mismo desde diferentes contextos. A finales de los 60, en Estados Unidos hubo un movimiento contestatario muy fuerte en contra de la guerra de Vietnam y a favor de los derechos civiles de las minorías. Cantautores como Bob Dylan, Joan Baez  o Pete Seeger representaban a una nueva generación que quería denunciar las injusticias y expresar sus deseos de libertad.
En el mismo continente, bastante más al sur, en aquellos años también se fue fraguando un espíritu de lucha contra las élites y el poder  de las multinacionales norteamericanas. La música, como siempre, puso banda sonora a esas inquietudes. Figuras tan conocidas como Violeta Parra, Mercedes Sosa, Víctor Jara, Atahualpa Yupanqui o grupos como
Quilapayún denunciaron tanto las injusticias sociales como reivindicaron la música folclórica de sus países. Muchos de aquellos cantautores comprometidos, militantes además de partidos de izquierda, sufrieron después la persecución política de las dictaduras que se establecieron en el cono sur. Algunos consiguieron sobrevivir en el exilio, otros no tuvieron la oportunidad de escapar y fueron brutalmente asesinados. El caso quizás más conocido es el de Víctor Jara, torturado y asesinado por militares durante los primeros días de la dictadura de Pinochet.
En España, la canción protesta surge entre los años 60 y 70 como una forma más del activismo antifranquista. La censura empieza a aflojar en los últimos años de la dictadura y en la música se cuelan mensajes de denuncia social y deseos de libertad. Surgen también los primeros cantautores que reivindican otras lenguas para cantar, siendo los más conocidos los cantautores  Lluis Llach, Raimon, Joan Manuel Serrat o María del Mar Bonet. Cuando digo que la censura era menos estricta no significa que no existiera. Por ejemplo, Lluis Llach sufrió multas, suspensión de conciertos, detenciones o prohibiciones de sus canciones como la ya nombrada “L’ estaca”. Los conciertos de Raimon también eran muchas veces prohibidos y, de celebrarse, terminaban con disturbios y un buen número de detenidos. Sin embargo, la censura no podía evitar que la juventud más contestataria cantara esas canciones, estuvieran prohibidas o no, sintiéndolas como himnos de su lucha.
Otros cantautores utilizaron la poesía para denunciar la misma situación, lo que
aparentemente les sirvió para sortear mejor la censura. Paco Ibáñez empezó cantando la poesía de Luis de Góngora y Federico García Lorca. Tras su éxito siguió musicalizando muchos más como Rafael Alberti, Luis Cernuda, Gabriel Celaya, Antonio Machado o Miguel Hernández entre otros. Pero la censura finalmente entendió que aquel cantante se estaba convirtiendo en un peligroso símbolo de resistencia cultural y en el año 1971 se le prohibió dar conciertos en España. Joan Manuel Serrat también dedicó dos deliciosos discos a Antonio Machado y a Miguel Hernández y él también, aunque por diferentes motivos, tuvo que exiliarse.
Y ésta es solo una pequeña muestra de lo mucho que dio de sí una época vital. Consciente de la limitación de este espacio me conformaría con haber transmitido la curiosidad suficiente a alguien para que siga descubriendo más nombres, más historias y mucha música.

 A la espera de que grupos o cantautores nuevos salgan a reivindicar justicia social en este nuevo tiempo, disfrutemos de la música que hace más de cuarenta años sirvió para que una generación mostrara su malestar, su frustración, pero también su esperanza.


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viernes, 26 de diciembre de 2014

Imago

Hoy os presentamos un relato muy especial, con una trama al mejor estilo de los maestros argentinos (Cortázar, Bioy?). Nuestro amigo Nicolás Gonzalo Plaza ha ganado con esta historia el Certamen de Jóvenes Creadores 2014 del Ayuntamiento de Ávila, en la categoría Narrativa de 14 a 20 años. ¡¡Este chico no deja de sorprendernos!!

IMAGO

   Y la noche volvió de nuevo. Allí estaban, agazapados, alerta, escondidos entre las sombras, acechando, esperando el momento de atacarme, de transformar mi vida en este martirio que, extrañamente, se me ha hecho habitual.

  Cada mañana me despierto a las seis en punto. Me levanto silenciosamente, como si mis pies estuvieran hechos de un suave plumón. Cojo el saco de tela de esparto donde guardo el pienso para perros con el que les alimento y les relleno los cuencos de plástico. Junto a ellos les sirvo otro cuenco donde les vierto lo que más les gusta beber con sus pequeñas bocas dentudas: zumo de naranja, al que le suelo añadir un chorrito de coñac con el que amenizo mis tardes viéndoles corretear, tambaleándose en el suelo de ese pequeño rincón de la casa que utilizo como jaula para contenerles. A esta hora de la mañana aún duermen, así es que aparto el tendedero que actúa como freno a sus ataques de locura, les pongo los cuencos y cierro bien la puerta de casa para dirigirme a la oficina.

   Todo comenzó hace cinco meses. Podría ser cosa del destino o simple casualidad, pero a los pocos días de dejar a Matilda, mientras caminaba por la calle, los encontré al doblar una esquina, metidos en una vieja caja de cartón. Emitían un pequeño aunque estridente sonido. Me acerqué a ver quién producía aquel curioso ruido. No daba crédito. Nunca había visto unas criaturas iguales; no podía saber su sexo, ni su especie, parecían no tener patas, ni siquiera una cabeza definida. Se podrían describir como peludos balones azulados. Al cabo de un rato debieron notar mi presencia, ya que abrieron sus grandes ojos almendrados. En ese instante, sentí que una especie de atracción empezó a florecer entre las criaturas y yo. Como nadie parecía percibir su existencia, cogí la caja con ambas manos y la llevé a mi piso. A partir de ese momento comencé a cuidarles, criarles. En estos meses han ido ocupando un pequeño lugar en mis quehaceres diarios, un espacio en mi mente.
   Durante toda la mañana rondan por mi cabeza. Miro la pantalla y allí están, jugando con los iconos del ordenador. Mis compañeros comienzan a inquietarse. El martes, mi jefe me llamó a su despacho y estuve muy cerca de que me despidiera. No sé qué me pasa. Ya casi no hablo con nadie. Antes, a las diez y media, me acercaba a la segunda planta, donde trabaja Luis, un gran compañero y amigo. Pero últimamente, ya no me dirige la palabra. Discutimos acerca de mi paranoia (que es como lo llama él) y de que pronto acabaría conmigo. Ésta fue la última conversación que mantuvimos.
    Se podría decir que vivo por y para ellos. Poco a poco se han hecho mayores. Ya han alcanzado el tamaño de un Yorkshire adulto. Cuando vuelvo del trabajo ya es mediodía.  Nada más entrar en casa se pueden apreciar sus gemidos y escuchar cómo arañan el suelo pidiendo salir de su habitáculo. En cuanto retiro el alambre que une ambos lados del tendedero con los ganchos metálicos incrustados en la pared, corren velozmente al exterior, buscando el rayo de luz que entra desde la ventana de mi terraza. Les abro la puerta de cristal esmerilado y empiezan a dar vueltas en los tres metros cuadrados desde donde se puede observar una panorámica perfecta de los tejados de la ciudad, con sus grandes rascacielos y el cartel luminiscente de una conocida marca de refrescos. Allí pasan todas las tardes de verano y los días cálidos de otoño, saltando y correteando entre las macetas de los Ficus, Potos y otras plantas de interior. A veces juegan con una pequeña pelota de cuero viejo a la que tienen mucho cariño, o con una cuerda muy gruesa que muerden e intentan desatar sus nudos con sus pequeñas zarpas.
    A los dos meses empecé a sentir los síntomas de una extraña enfermedad. Un cansancio soporífero me abatía en las horas más cercanas a las seis de la tarde. Solía tumbarme en una hamaca que guardaba en el desván. Pero cuando cerraba los ojos, un sonido retumbaba en mi cabeza. Un chirrido persistente similar al de unas garras arañando las baldosas…
    Cuando la luna va ascendiendo en el cielo les cepillo, desenredándoles las marañas azules y dejando un pelaje liso que refleja la luz acerada de la noche. Es asombroso lo rápido que les crece el pelo. Una vez al mes les pongo la bañera, tapo el desagüe y les corto el pelo con unas tijeras de peluquería. El proceso es rápido, suelen estar muy quietos. En los meses de verano les rapo al cero, dejándoles con un aspecto más bien ridículo, parecidos a esquiladas ovejas de piel amarillenta.
   Tres veces por semana les saco de paseo. Observo que, a pesar de su tamaño, hasta los perros más grandes les temen y corren a esconderse detrás de sus amos. Andan por la calle como si fueran los reyes de la ciudad. Es gracioso ver como caminan con aire ufano, prepotentes, retando fieramente a cualquiera que se atreva a mirarlos.
   Cada vez me siento peor. Hace tres días que no duermo. A las doce de la noche, cuando no se escucha ningún ruido salvo el rugir de mis tripas debido a la digestión o algún que otro molesto vecino, ahí está. Como el zumbido de un mosquito, empiezo a escuchar chillidos y aullidos, garras arañando el metal. Veo tres sombras en la oscuridad, tres fantasmas que corren por el pasillo al verme. Caigo en un letargo en el que no descanso. Me levanto bañado en sudor. Compruebo si son ellos los causantes de los ruidos, pero cuando me acerco a la habitación les encuentro enroscados, plácidamente dormidos. Como un zombi, vuelvo, golpeándome con las paredes, a mi cama, donde me desplomo incapaz de conciliar el sueño.
   Pasadas dos semanas fui al médico. Le expliqué los síntomas. Me examinó a fondo y me sugirió ir a un psiquiatra. Tras varias horas de consulta, las cuales me costaron un riñón, me informó de mi enfermedad: INSOMMIO FAMILIAR FATAL. Al oír esas tres palabras supe que me quedaban unos meses de vida. Hubo algo que le extrañó: yo era el primero de mi familia en contraer la enfermedad, pero los síntomas no dejaban lugar a dudas.
    Al día siguiente fui a la oficina y les conté el problema. Decidí cogerme una baja e irme a una pequeña casa en las afueras. Allí escaparía de los ruidos y la contaminación y ellos tendrían más espacio donde corretear.
   Pero los problemas no tardaron en llegar. Al poco tiempo de estar allí, ellos enfermaron misteriosamente. Se movían y comían poco, y los ojos comenzaron a adquirir una tonalidad amarillenta. Cuando hablé con el veterinario, él me preguntó qué eran. Al explicárselo me dijo: “¡Usted lo que tiene son mancuspias!” y con una risotada colgó. Al buscar el término en Internet supe que no me tomaba en serio.
   Mi estado de salud tampoco mejoró. Poco a poco los síntomas se agravaron. Al principio dejé de hablar. Así, sin más. Mi lengua no me respondía. Mi familia y mis amigos me dieron de lado, pensando que estaba fingiendo. Pero no era así. Pronto me quedé solo. Únicamente acompañado de mis amigos azules. Nadie se acercaba a mi casa. Me tomaban por un loco.
    Por las noches les escuchaba gemir. Ellos también estaban enfermos. Ya no comían nada. Estaban flacos, famélicos, como si fueran peluches vacíos. El zumo de naranja se les escurría de sus fauces y su orina empezaba a tener un tono muy oscuro. Varias veces al día les daban arcadas y vomitaban bolas de pelo que ellos mismos se arrancaban.  Durante la noche, sus aullidos y gemidos resonaban en mi cabeza.
   Mi salud se complicaba cada vez más. Perdí por completo el equilibrio y estaba extremadamente débil. Descubrí que no podía moverme. Mis famélicos compañeros, más muertos que vivos, se acercaban a mi lecho y me hacían compañía hasta que no pudieron más. Ya no sabía distinguir ente paranoia y realidad. Era mi propia locura la que me acechaba por las noches. Toda la casa se concentró en mi habitación donde permanecíamos durante todo el tiempo.
   Un día vi, más bien oí, cómo alguien derribaba la puerta y me llevaba en volandas al hospital. Pero ya todo daba igual, mi cerebro se había desprendido de mi cuerpo. Al parecer, habían llamado de la casa de al lado, alertados por el fuerte olor que provenía de la mía. Lo último que creí ver, antes de salir de casa, fueron tres cadáveres verdosos con mechones azules en un rincón de la habitación y pensé, con tristeza, que ellos debían ser la causa del mal olor.
    Aún después de su muerte, seguí oyendo sus gemidos y aullidos en mi cama del hospital, hasta convertirse en mi infierno particular.

   El tiempo ha pasado demasiado deprisa. He pensado mucho en ellos en estos últimos meses. Cuando los encontré en esa cajita de cartón creí que llenarían el espacio que dejó Matilda. Hasta ahora no he logrado comprender que realmente nunca existieron. Solo eran un imago, una ilusión, un producto de mis temores y mis recuerdos, una insoportable nostalgia materializada en unas pequeñas criaturitas que han terminado conmigo, aun sabiendo que con ello también estaban escribiendo su propio final.

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viernes, 19 de diciembre de 2014

Manabé Shima



En la Lonely Planet podemos leer que en Manabé Shima viven más gatos que personas y que Honmura, su pequeño pueblo, es un laberinto de antiguas casas de madera, con una tienda solitaria en funcionamiento desde el periodo Meiji y una vieja escuela con diez alumnos. Si a esta información sumamos la que nos ofrece Chavouet, trescientos habitantes, diez vehículos y tres conexiones a internet, nos hacemos una clara idea del lugar elegido por el ilustrador para pasar dos meses de verano antes de regresar a Francia. Pero ¿por qué Manabé? De las más de 4000 islas que tiene Japón, Chavouet quería visitar una isla pequeña en tamaño y población, aislada aunque accesible, "la isla de la que menos se habla pero que sea memorable durante las cuatro estaciones".

Después de la satisfactoria experiencia de "Tokyo Sanpo", el ilustrador ha querido continuar con su particular manera de mostrarnos la vida cotidiana de los habitantes de esta cultura tan atractiva. En este caso, abandona la gran urbe para adentrarse en las vidas de un grupo de isleños que lo adoptan, casi como si de un niño se tratase, y con los que va a compartir taberna, comidas, representaciones de Kagura y festejos. Podríamos definirlo como una guía, a caballo entre el diario de viajes y los apuntes antropológicos, sin índice ni orden, y con un fino sentido del humor que convierte su lectura en una autentica delicia.

Durante los dos meses que pasa entre ellos, Chavouet hace un amplio repaso por todas las tradiciones locales, los pintorescos personajes, las costumbres y... sus gatos. Nos retrata, también, los diferentes peces que se pescan en la isla y extraños objetos que su mirada observadora va encontrando por los lugares que pasa. Y todo ello con unas perspectivas y unos encuadres audaces, abundante en detalles y con una gran expresividad en los rostros de los habitantes, utilizando para ello ceras y lápices de colores: " Uso ceras y lápices de colores por que dibujaba tirado en medio de la calle. Y las ceras pesan poco, son fáciles de llevar, no necesitan agua (como la acuarela) Y aunque mi estilo ha evolucionado sigo usando las misma herramientas" (entrevista en RTVE)

Personalmente, me encanta cuando habla de las abuelillas, con sus carritos y sus minicoches, o de la cantina de Ikkyu San y sus "abonados". Pero lo que más me ha impresionado es la magia de los umibotaru!!




EL AUTOR


Florent Chavouet es un joven ilustrador francés, nacido en 1980, titulado superior en Artes Plásticas. Además de las obras citadas, "Tokyo Sanpo" y "Manabé Shima", su último cómic "Petites Coupures à Shioguni" ha sido elegido para la selección oficial del prestigiosos Festival d'Angoulême del año 2015. 
Aquí os dejamos su web y su blog




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