viernes, 23 de enero de 2015

Recomendación de teatro para enero

 Nuestra recomendación para este mes la componen obras de autores actuales, vinculados al mundo del teatro de forma integral, tanto por la escritura, como por el montaje y la interpretación. Además todos ellos viven su relación con la dramaturgia, como un compromiso con la sociedad en general y con sus conflictos en particular.

Julio Escalada (Madrid, 1963) es actor, director y dramaturgo, Licenciado en Interpretación, Dirección de Escena y Dramaturgia por la Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid. Comenzó como actor pero después diversificó sus actividades artísticas, dedicándose a enseñar interpretación, a escribir y dirigir obras de teatro y a la investigación e innovación en las Artes Escénicas.”Invierno”, forma parte de la tetralogía Cuatro estaciones y ha sido premiada por la SGAE. Es una obra sobre las relaciones humanas; en ella, el autor compone un puzle con diferentes escenas y personajes que al final forman un todo, un cuadro general. Un parque en invierno es el escenario donde se desarrolla la trama y donde vemos cómo los lazos que nos unen a las personas más próximas, tienen un ciclo de vida como los árboles del parque y también como a ellos les llega el invierno, el frío y la soledad.

Juan Diego Botto (Buenos Aires, Argentina, 1975), es un actor hispano argentino de cine y teatro, pero también dramaturgo y director teatral. Marcado por su historia personal (su padre fue uno de los desaparecidos de la dictadura argentina en 1977 y su familia emigró a España al año siguiente), es un hombre comprometido social y políticamente y eso se refleja en su trabajo y en las obras que escribe. Así se demuestra en estas tres piezas cortas que tienen como denominador común las migraciones humanas. “El privilegio de ser perro” es un monólogo que reflexiona sobre la sinrazón y la hipocresía de esta sociedad políticamente correcta, que es capaz de apalear a una persona por maltratar a un perro; también sobre el desarraigo de aquellos que tienen que dejar su país, su gente, para buscar un futuro incierto. Las otras dos obras son diálogos con apariencia también de monólogos:
En “Arquímedes” vemos que siempre hay argumentos para el odio; la Historia puede ser interpretada como nos convenga para engañarnos y poder seguir viviendo.”La carta” muestra la ingenuidad y la ilusión de un joven por encontrar su futuro en una tierra prometida que dista mucho de ser perfecta. El libro lo completa la obra de otro escritor argentino, Roberto Cossa, “¡Definitivamente, adiós!”, es una historia familiar de ida y vuelta, donde se repiten los exilios y las derrotas, pero también el espíritu luchador.

Yolanda Pallín (Madrid, 1965), José Ramón Fernández (Madrid, 1962; Premio Nacional de Literatura Dramática) y Javier García Yagüe (Madrid, 1961), son los tres dramaturgos creadores de la obra “Las manos” (primera parte de la Trilogía de la Juventud). Este proyecto del centro Cuarta Pared, trata de hacer un repaso sobre cómo han ido evolucionando los jóvenes en el último siglo, a la vez que cambiaba el entorno. En esta primera obra de la trilogía, son las estaciones del año las que dividen la obra en cuatro actos, pues en el mundo rural, en la agricultura tradicional, eran las que marcaban el ritmo vital: el trabajo y las faenas del campo y el escaso tiempo de ocio.
El título “Las manos” hace referencia a cuál era y dónde residía la fuerza, el capital y el futuro de una persona, fueras hombre o mujer; en una época en la que la tierra presidía y condicionaba todo. Si bien ya se apunta a la ciudad como vía de escape o lugar donde se podía encontrar una alternativa de vida.


Cuarta Pared nació en 1986 como centro de investigación y formación teatral, creando también una compañía para producir y exhibir sus propios montajes. El objetivo de este colectivo era renovar el mundo del teatro a través de un compromiso con la sociedad de su tiempo, representando las obras de los nuevos dramaturgos y dando respuesta a unos espectadores más inconformistas que demandaban un teatro más audaz en el fondo y en la forma.
Todo ello ha hecho que el proyecto Cuarta Pared, haya llegado hasta nuestros días y se haya convertido en un centro teatral de referencia a nivel internacional.

Esperamos que los tres libros os resulten interesantes y cercanos; pues los temas y personajes os sonarán actuales y cercanos. Así, tal vez, penséis en estas obras como posibles espectáculos para vuestras propias representaciones.




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viernes, 16 de enero de 2015

Recomendación de poesía para enero



Juan Hedo, poeta y cantautor nacido en Ávila en 1971, pero muy vinculado a Segovia, donde reside desde hace tiempo. Es Licenciado en Filología por la Universidad Complutense de Madrid y ha explorado, además de las ya mencionadas, otras facetas creativas, como la narrativa o la pintura.

Este espíritu libre y cosmopolita, se ha imbuido de todo tipo de culturas e influencias, que ha sabido incorporar a sus obras, con imágenes, músicas o palabras que nos transportan a lugares, unas veces exóticos y lejanos y otras a vivencias y paisajes cercanos y familiares.

Aquí vamos a presentar cuatro de sus poemarios:


“Desde el alto Guadarrama” y “Tierras ajenas”. Fueron escritos en 1997 y 1998, respectivamente. Son los inicios del autor, poesía fresca e inocente, muy vinculada al paisaje cercano de su juventud. Aunque en “Tierras ajenas”, el protagonismo no es sólo para la naturaleza, sino para el autor y sus reflexiones personales, vitales, que encuentran su reflejo en el entorno.


“Fugas en verso” y “Bestiario de mil corolas” componen una recopilación de apuntes, de pensamientos cazados al vuelo y apresados en una hoja de papel. Una foto fija para grabar un momento y unas sensaciones tan fugaces que la memoria después no guardaría.

“Verdes, veranos verdes” es como un gran mural compuesto por postales literarias de muy diferentes lugares y personas en el tiempo estival, con la luminosidad y el ajetreo que caracteriza esta época del año.


“Poemas isolados” son versos de diversos lugares y épocas; más prosaicos, menos líricos y más apegados a la cotidianidad, a sucesos normales y rutinarios, que, en un instante determinado, nos sugieren algo distinto y cobran un sentido especial. (Isolado en portugués significa aislado, poco frecuente), para Juan Hedo representa lo absurdo, el concepto, la abstracción.


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viernes, 9 de enero de 2015

Vieja música para un nuevo tiempo

Comenzamos el año, y siendo éste electoral, qué mejor cosa que hablaros de Podemos. Quizás haya alguna mirada perpleja que no entienda qué estoy haciendo hablando de política en el blog juvenil de una biblioteca. Por favor, no lleguéis a unas conclusiones precipitadas, nadie ha dicho que vaya a hablar de política. Sea como sea, si deseáis seguir leyendo y quedaros conmigo, os diré que sí hay algo de cierto en mi afirmación de que voy a hablar de Podemos, pero por otras razones digamos más culturales.

Os confieso que me encanta escuchar la música que utilizan en las campañas los partidos políticos, siempre tan entusiasta, casi te dan ganas de creerte todo lo que te dicen y de abrazar a cualquier político que va por el mercado repartiendo cariño a cambio de votos. Así que, cuando Podemos empezó tuve curiosidad por saber cuál sería su banda sonora y tuve también esperanza, porque últimamente las campañas electorales musicalmente hablando son bastante aburridas. En el pasado las cosas eran diferentes. Fijaros lo importante que era la música en este entrañable anuncio de la campaña de Kennedy de 1960. 




Bueno, pues a lo que voy; Podemos en ese aspecto no me defraudó. Además de algunas canciones de grupos alternativos actuales y de algún guiño al repertorio republicano, resurgía con fuerza la canción protesta de los 70 gracias a canciones como “La estaca” de Lluis Llach, “Cuervo ingenuo” de Javier Krahe o “Todo cambia” de  Mercedes Sosa.
En ese momento pensé que sería bueno dedicar un nuevo artículo de Rincones olvidados a descubrir o redescubrir la canción protesta de los años 60 y 70. No sólo disfrutaremos de una música excelente, conoceremos también una época revolucionaria y contestataria con una juventud llena de ganas de cambiar el mundo.

La canción protesta no se inventó en aquellos años pero sí que esas canciones se convirtieron en verdaderos himnos para una generación. En diferentes partes del mundo, los jóvenes parecían buscar lo mismo desde diferentes contextos. A finales de los 60, en Estados Unidos hubo un movimiento contestatario muy fuerte en contra de la guerra de Vietnam y a favor de los derechos civiles de las minorías. Cantautores como Bob Dylan, Joan Baez  o Pete Seeger representaban a una nueva generación que quería denunciar las injusticias y expresar sus deseos de libertad.
En el mismo continente, bastante más al sur, en aquellos años también se fue fraguando un espíritu de lucha contra las élites y el poder  de las multinacionales norteamericanas. La música, como siempre, puso banda sonora a esas inquietudes. Figuras tan conocidas como Violeta Parra, Mercedes Sosa, Víctor Jara, Atahualpa Yupanqui o grupos como
Quilapayún denunciaron tanto las injusticias sociales como reivindicaron la música folclórica de sus países. Muchos de aquellos cantautores comprometidos, militantes además de partidos de izquierda, sufrieron después la persecución política de las dictaduras que se establecieron en el cono sur. Algunos consiguieron sobrevivir en el exilio, otros no tuvieron la oportunidad de escapar y fueron brutalmente asesinados. El caso quizás más conocido es el de Víctor Jara, torturado y asesinado por militares durante los primeros días de la dictadura de Pinochet.
En España, la canción protesta surge entre los años 60 y 70 como una forma más del activismo antifranquista. La censura empieza a aflojar en los últimos años de la dictadura y en la música se cuelan mensajes de denuncia social y deseos de libertad. Surgen también los primeros cantautores que reivindican otras lenguas para cantar, siendo los más conocidos los cantautores  Lluis Llach, Raimon, Joan Manuel Serrat o María del Mar Bonet. Cuando digo que la censura era menos estricta no significa que no existiera. Por ejemplo, Lluis Llach sufrió multas, suspensión de conciertos, detenciones o prohibiciones de sus canciones como la ya nombrada “L’ estaca”. Los conciertos de Raimon también eran muchas veces prohibidos y, de celebrarse, terminaban con disturbios y un buen número de detenidos. Sin embargo, la censura no podía evitar que la juventud más contestataria cantara esas canciones, estuvieran prohibidas o no, sintiéndolas como himnos de su lucha.
Otros cantautores utilizaron la poesía para denunciar la misma situación, lo que
aparentemente les sirvió para sortear mejor la censura. Paco Ibáñez empezó cantando la poesía de Luis de Góngora y Federico García Lorca. Tras su éxito siguió musicalizando muchos más como Rafael Alberti, Luis Cernuda, Gabriel Celaya, Antonio Machado o Miguel Hernández entre otros. Pero la censura finalmente entendió que aquel cantante se estaba convirtiendo en un peligroso símbolo de resistencia cultural y en el año 1971 se le prohibió dar conciertos en España. Joan Manuel Serrat también dedicó dos deliciosos discos a Antonio Machado y a Miguel Hernández y él también, aunque por diferentes motivos, tuvo que exiliarse.
Y ésta es solo una pequeña muestra de lo mucho que dio de sí una época vital. Consciente de la limitación de este espacio me conformaría con haber transmitido la curiosidad suficiente a alguien para que siga descubriendo más nombres, más historias y mucha música.

 A la espera de que grupos o cantautores nuevos salgan a reivindicar justicia social en este nuevo tiempo, disfrutemos de la música que hace más de cuarenta años sirvió para que una generación mostrara su malestar, su frustración, pero también su esperanza.


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viernes, 26 de diciembre de 2014

Imago

Hoy os presentamos un relato muy especial, con una trama al mejor estilo de los maestros argentinos (Cortázar, Bioy?). Nuestro amigo Nicolás Gonzalo Plaza ha ganado con esta historia el Certamen de Jóvenes Creadores 2014 del Ayuntamiento de Ávila, en la categoría Narrativa de 14 a 20 años. ¡¡Este chico no deja de sorprendernos!!

IMAGO

   Y la noche volvió de nuevo. Allí estaban, agazapados, alerta, escondidos entre las sombras, acechando, esperando el momento de atacarme, de transformar mi vida en este martirio que, extrañamente, se me ha hecho habitual.

  Cada mañana me despierto a las seis en punto. Me levanto silenciosamente, como si mis pies estuvieran hechos de un suave plumón. Cojo el saco de tela de esparto donde guardo el pienso para perros con el que les alimento y les relleno los cuencos de plástico. Junto a ellos les sirvo otro cuenco donde les vierto lo que más les gusta beber con sus pequeñas bocas dentudas: zumo de naranja, al que le suelo añadir un chorrito de coñac con el que amenizo mis tardes viéndoles corretear, tambaleándose en el suelo de ese pequeño rincón de la casa que utilizo como jaula para contenerles. A esta hora de la mañana aún duermen, así es que aparto el tendedero que actúa como freno a sus ataques de locura, les pongo los cuencos y cierro bien la puerta de casa para dirigirme a la oficina.

   Todo comenzó hace cinco meses. Podría ser cosa del destino o simple casualidad, pero a los pocos días de dejar a Matilda, mientras caminaba por la calle, los encontré al doblar una esquina, metidos en una vieja caja de cartón. Emitían un pequeño aunque estridente sonido. Me acerqué a ver quién producía aquel curioso ruido. No daba crédito. Nunca había visto unas criaturas iguales; no podía saber su sexo, ni su especie, parecían no tener patas, ni siquiera una cabeza definida. Se podrían describir como peludos balones azulados. Al cabo de un rato debieron notar mi presencia, ya que abrieron sus grandes ojos almendrados. En ese instante, sentí que una especie de atracción empezó a florecer entre las criaturas y yo. Como nadie parecía percibir su existencia, cogí la caja con ambas manos y la llevé a mi piso. A partir de ese momento comencé a cuidarles, criarles. En estos meses han ido ocupando un pequeño lugar en mis quehaceres diarios, un espacio en mi mente.
   Durante toda la mañana rondan por mi cabeza. Miro la pantalla y allí están, jugando con los iconos del ordenador. Mis compañeros comienzan a inquietarse. El martes, mi jefe me llamó a su despacho y estuve muy cerca de que me despidiera. No sé qué me pasa. Ya casi no hablo con nadie. Antes, a las diez y media, me acercaba a la segunda planta, donde trabaja Luis, un gran compañero y amigo. Pero últimamente, ya no me dirige la palabra. Discutimos acerca de mi paranoia (que es como lo llama él) y de que pronto acabaría conmigo. Ésta fue la última conversación que mantuvimos.
    Se podría decir que vivo por y para ellos. Poco a poco se han hecho mayores. Ya han alcanzado el tamaño de un Yorkshire adulto. Cuando vuelvo del trabajo ya es mediodía.  Nada más entrar en casa se pueden apreciar sus gemidos y escuchar cómo arañan el suelo pidiendo salir de su habitáculo. En cuanto retiro el alambre que une ambos lados del tendedero con los ganchos metálicos incrustados en la pared, corren velozmente al exterior, buscando el rayo de luz que entra desde la ventana de mi terraza. Les abro la puerta de cristal esmerilado y empiezan a dar vueltas en los tres metros cuadrados desde donde se puede observar una panorámica perfecta de los tejados de la ciudad, con sus grandes rascacielos y el cartel luminiscente de una conocida marca de refrescos. Allí pasan todas las tardes de verano y los días cálidos de otoño, saltando y correteando entre las macetas de los Ficus, Potos y otras plantas de interior. A veces juegan con una pequeña pelota de cuero viejo a la que tienen mucho cariño, o con una cuerda muy gruesa que muerden e intentan desatar sus nudos con sus pequeñas zarpas.
    A los dos meses empecé a sentir los síntomas de una extraña enfermedad. Un cansancio soporífero me abatía en las horas más cercanas a las seis de la tarde. Solía tumbarme en una hamaca que guardaba en el desván. Pero cuando cerraba los ojos, un sonido retumbaba en mi cabeza. Un chirrido persistente similar al de unas garras arañando las baldosas…
    Cuando la luna va ascendiendo en el cielo les cepillo, desenredándoles las marañas azules y dejando un pelaje liso que refleja la luz acerada de la noche. Es asombroso lo rápido que les crece el pelo. Una vez al mes les pongo la bañera, tapo el desagüe y les corto el pelo con unas tijeras de peluquería. El proceso es rápido, suelen estar muy quietos. En los meses de verano les rapo al cero, dejándoles con un aspecto más bien ridículo, parecidos a esquiladas ovejas de piel amarillenta.
   Tres veces por semana les saco de paseo. Observo que, a pesar de su tamaño, hasta los perros más grandes les temen y corren a esconderse detrás de sus amos. Andan por la calle como si fueran los reyes de la ciudad. Es gracioso ver como caminan con aire ufano, prepotentes, retando fieramente a cualquiera que se atreva a mirarlos.
   Cada vez me siento peor. Hace tres días que no duermo. A las doce de la noche, cuando no se escucha ningún ruido salvo el rugir de mis tripas debido a la digestión o algún que otro molesto vecino, ahí está. Como el zumbido de un mosquito, empiezo a escuchar chillidos y aullidos, garras arañando el metal. Veo tres sombras en la oscuridad, tres fantasmas que corren por el pasillo al verme. Caigo en un letargo en el que no descanso. Me levanto bañado en sudor. Compruebo si son ellos los causantes de los ruidos, pero cuando me acerco a la habitación les encuentro enroscados, plácidamente dormidos. Como un zombi, vuelvo, golpeándome con las paredes, a mi cama, donde me desplomo incapaz de conciliar el sueño.
   Pasadas dos semanas fui al médico. Le expliqué los síntomas. Me examinó a fondo y me sugirió ir a un psiquiatra. Tras varias horas de consulta, las cuales me costaron un riñón, me informó de mi enfermedad: INSOMMIO FAMILIAR FATAL. Al oír esas tres palabras supe que me quedaban unos meses de vida. Hubo algo que le extrañó: yo era el primero de mi familia en contraer la enfermedad, pero los síntomas no dejaban lugar a dudas.
    Al día siguiente fui a la oficina y les conté el problema. Decidí cogerme una baja e irme a una pequeña casa en las afueras. Allí escaparía de los ruidos y la contaminación y ellos tendrían más espacio donde corretear.
   Pero los problemas no tardaron en llegar. Al poco tiempo de estar allí, ellos enfermaron misteriosamente. Se movían y comían poco, y los ojos comenzaron a adquirir una tonalidad amarillenta. Cuando hablé con el veterinario, él me preguntó qué eran. Al explicárselo me dijo: “¡Usted lo que tiene son mancuspias!” y con una risotada colgó. Al buscar el término en Internet supe que no me tomaba en serio.
   Mi estado de salud tampoco mejoró. Poco a poco los síntomas se agravaron. Al principio dejé de hablar. Así, sin más. Mi lengua no me respondía. Mi familia y mis amigos me dieron de lado, pensando que estaba fingiendo. Pero no era así. Pronto me quedé solo. Únicamente acompañado de mis amigos azules. Nadie se acercaba a mi casa. Me tomaban por un loco.
    Por las noches les escuchaba gemir. Ellos también estaban enfermos. Ya no comían nada. Estaban flacos, famélicos, como si fueran peluches vacíos. El zumo de naranja se les escurría de sus fauces y su orina empezaba a tener un tono muy oscuro. Varias veces al día les daban arcadas y vomitaban bolas de pelo que ellos mismos se arrancaban.  Durante la noche, sus aullidos y gemidos resonaban en mi cabeza.
   Mi salud se complicaba cada vez más. Perdí por completo el equilibrio y estaba extremadamente débil. Descubrí que no podía moverme. Mis famélicos compañeros, más muertos que vivos, se acercaban a mi lecho y me hacían compañía hasta que no pudieron más. Ya no sabía distinguir ente paranoia y realidad. Era mi propia locura la que me acechaba por las noches. Toda la casa se concentró en mi habitación donde permanecíamos durante todo el tiempo.
   Un día vi, más bien oí, cómo alguien derribaba la puerta y me llevaba en volandas al hospital. Pero ya todo daba igual, mi cerebro se había desprendido de mi cuerpo. Al parecer, habían llamado de la casa de al lado, alertados por el fuerte olor que provenía de la mía. Lo último que creí ver, antes de salir de casa, fueron tres cadáveres verdosos con mechones azules en un rincón de la habitación y pensé, con tristeza, que ellos debían ser la causa del mal olor.
    Aún después de su muerte, seguí oyendo sus gemidos y aullidos en mi cama del hospital, hasta convertirse en mi infierno particular.

   El tiempo ha pasado demasiado deprisa. He pensado mucho en ellos en estos últimos meses. Cuando los encontré en esa cajita de cartón creí que llenarían el espacio que dejó Matilda. Hasta ahora no he logrado comprender que realmente nunca existieron. Solo eran un imago, una ilusión, un producto de mis temores y mis recuerdos, una insoportable nostalgia materializada en unas pequeñas criaturitas que han terminado conmigo, aun sabiendo que con ello también estaban escribiendo su propio final.

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viernes, 19 de diciembre de 2014

Manabé Shima



En la Lonely Planet podemos leer que en Manabé Shima viven más gatos que personas y que Honmura, su pequeño pueblo, es un laberinto de antiguas casas de madera, con una tienda solitaria en funcionamiento desde el periodo Meiji y una vieja escuela con diez alumnos. Si a esta información sumamos la que nos ofrece Chavouet, trescientos habitantes, diez vehículos y tres conexiones a internet, nos hacemos una clara idea del lugar elegido por el ilustrador para pasar dos meses de verano antes de regresar a Francia. Pero ¿por qué Manabé? De las más de 4000 islas que tiene Japón, Chavouet quería visitar una isla pequeña en tamaño y población, aislada aunque accesible, "la isla de la que menos se habla pero que sea memorable durante las cuatro estaciones".

Después de la satisfactoria experiencia de "Tokyo Sanpo", el ilustrador ha querido continuar con su particular manera de mostrarnos la vida cotidiana de los habitantes de esta cultura tan atractiva. En este caso, abandona la gran urbe para adentrarse en las vidas de un grupo de isleños que lo adoptan, casi como si de un niño se tratase, y con los que va a compartir taberna, comidas, representaciones de Kagura y festejos. Podríamos definirlo como una guía, a caballo entre el diario de viajes y los apuntes antropológicos, sin índice ni orden, y con un fino sentido del humor que convierte su lectura en una autentica delicia.

Durante los dos meses que pasa entre ellos, Chavouet hace un amplio repaso por todas las tradiciones locales, los pintorescos personajes, las costumbres y... sus gatos. Nos retrata, también, los diferentes peces que se pescan en la isla y extraños objetos que su mirada observadora va encontrando por los lugares que pasa. Y todo ello con unas perspectivas y unos encuadres audaces, abundante en detalles y con una gran expresividad en los rostros de los habitantes, utilizando para ello ceras y lápices de colores: " Uso ceras y lápices de colores por que dibujaba tirado en medio de la calle. Y las ceras pesan poco, son fáciles de llevar, no necesitan agua (como la acuarela) Y aunque mi estilo ha evolucionado sigo usando las misma herramientas" (entrevista en RTVE)

Personalmente, me encanta cuando habla de las abuelillas, con sus carritos y sus minicoches, o de la cantina de Ikkyu San y sus "abonados". Pero lo que más me ha impresionado es la magia de los umibotaru!!




EL AUTOR


Florent Chavouet es un joven ilustrador francés, nacido en 1980, titulado superior en Artes Plásticas. Además de las obras citadas, "Tokyo Sanpo" y "Manabé Shima", su último cómic "Petites Coupures à Shioguni" ha sido elegido para la selección oficial del prestigiosos Festival d'Angoulême del año 2015. 
Aquí os dejamos su web y su blog




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viernes, 12 de diciembre de 2014

Recomendación de teatro para diciembre

La expresión más pura del teatro es la mímica, ese lenguaje universal que no encuentra barreras de idioma. Comunicar una infinidad de situaciones, sólo con gestos.

DVD COM man
Estos tres actores que llevan décadas trabajando juntos en el oficio del humor, han llegado a tal grado de complicidad y compenetración, que, viéndoles, parecen sencillos esos movimientos frenéticos, esas posturas imposibles y esa coordinación expresiva.

Carles Sans, Joan Gràcia y Paco Mir, tres barceloneses, aspirantes a actores, coincidieron en el Instituto de Teatro de Barcelona y decidieron comenzar juntos una carrera profesional que ya dura 35 años y que ha ido de éxito en éxito. Tanto es así, que para poder cumplir con un sinfín de compromisos teatrales, han creado una especie de “franquicia”, una compañía llamada “Clownic”, unos clones que representan las obras y les permiten llevar sus creaciones a cualquier lugar del mundo. Mientras tanto ellos siguen desarrollando nuevas ideas y actuando.

 
DVD COM tri
DVD COM sit




DVD COM sla

Como los espectáculos de Tricicle no tienen texto, en esta ocasión hemos cambiado los libros por dvds, con lo que podréis desternillaros viendo sus innumerables gags, esos trocitos de humor con mensajes concentrados, que nos hacen reír y pensar al mismo tiempo. No en vano, estos magos de la sonrisa han recreado numerosos temas de nuestra vida cotidiana, exagerando la puesta en escena, pero nuestros comportamientos quizá no tanto.
Desde luego, fijarse en su manera de interpretar es como un curso avanzado para los que os guste el mundo del teatro.

DVD COM ter

DVD COM cho
DVD COM exi

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miércoles, 10 de diciembre de 2014

Recomendación de poesía para diciembre

Hoy queremos llamar vuestra atención sobre la poesía de estos cinco grandes autores de la literatura hispanoamericana, conocidos por cultivar otros géneros literarios, como la novela o el teatro. Comprobaréis que su dominio del lenguaje y su capacidad de transmitir sentimientos no se limitaba a un ámbito concreto. Por algo son ya clásicos.

P JAR poe


Enrique Jardiel Poncela (Madrid, 1901-1952), parecía tener la poesía como lenguaje natural: le surgía tan espontáneamente como el humor y el desparpajo, que son las señas de identidad de su teatro. Además de sonreír con sus ocurrencias y originalidad, también podemos reflexionar con sus poemas cortos, que son como píldoras de filosofía.






P COR sal

Julio Cortázar (Bruselas, 1914-París, 1984). Su formación clásica, su amplia cultura, su vida cosmopolita, se traslucen también en sus versos, al igual que en su narrativa. Por eso en su último libro, “Salvo el crepúsculo” (1984), aparecen personajes históricos y mitológicos, escritores de todos los tiempos, el mundo real y el mundo mágico; pero sobre todo estos poemas nos hablan del paso del tiempo y los sentimientos que nos provoca.




P CEL pis

Camilo José Cela (Padrón-La Coruña, 1916-Madrid, 2002) escribió los poemas de este libro en 1936, cuando tenía 20 años, al comienzo de la Guerra Civil. En esa época convulsa interior y exteriormente (con la incertidumbre de probar influencias, la búsqueda de identidad personal y profesional y con una guerra desgarrando el país), en “Pisando la dudosa luz del día”, Cela se debate entre el bagaje pasado y las nuevas tendencias artísticas, para expresar toda su energía de juventud, con sentimientos hiperbólicos. 



P MAR des

Carmen Martín Gaite (Salamanca, 1925-Madrid, 2000). El amor, las ilusiones, el desencanto, el desamor, el momento difícil de elegir un camino… todo eso se recoge en este libro “Después de todo (Poesía a rachas)”, donde la autora expresa una declaración de principios e intenciones y sobre todo, una determinación por ser ella misma en cada momento.





P LLA len

Julio Llamazares (Vegamián-León, 1955). Cuando uno lee la prosa de este escritor, piensa que es pura poesía. En estos poemarios “La lentitud de los bueyes”  y “Memoria de la nieve”, parece que el tiempo se ha parado y que todo lo envuelve un halo mágico: es la nostalgia y el sentimiento de pérdida de un lugar, de una persona, de un tiempo y una cultura que se quedan anclados en nuestro interior; por eso estos dos libros son “como dos fotos viejas que el olvido ha sobado”, según dice el autor.





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viernes, 5 de diciembre de 2014

Miembros del Club de Lectura Juvenil

Nuestro club de lectura está ya en funcionamiento. Poco a poco han ido llegando nuevos participantes y el abanico de edades cada vez es más amplio. Os los vamos a presentar:



Me llamo Nico y tengo 15 años. No me gusta ser el mayor así que animo a alguien de mi edad a venir. Al principio vine aquí recomendado y no es tan aburrido como puede pensar la gente, aunque me gustaría que hubiera más diversidad de edades. No tengo un libro favorito ante otros; si leo un libro, a no ser que sea obligado, es porque me gusta. También me gusta escribir relatos y otras cosas y utilizo los libros para mis historias. Podéis venir al club no solo si os gusta leer, que es lo principal, sino también para descubrir otras alternativas en las actividades diarias.


Me llamo y Jerry tengo 12 años. Soy de Perú y vine a los 3 años a España. Mi libro favorito es Los Juegos del Hambre: En Llamas e invito a leer este libro. La película sobre este libro también me gusta. Invito a todo el mundo a venir a la Biblioteca Pública de Segovia.




Me llamo Polina, tengo 12 años voy al Giner de los Ríos. Vivo en Nueva Segovia y vengo de Bulgaria. Mi libro favorito es Los Juegos del Hambre. Casi todos los autores me gustan. Los libros que más me gustan son los de aventura y misterio. Me gusta la música. Le recomendaría a la gente que viniera porque me gusta leer y  es  muy bueno.


Me llamo Belén, tengo 13 años y me encanta leer y escuchar música. Mis libros favoritos son La ladrona de libros, La Nueva Vida de Bluebell Gadsby y La lección de August. No me gustan las historias de miedo pero sí de intriga y aventuras y fantasía. Recomiendo este taller porque es interesante conocer la opinión de más gente sobre algunos libros y hay buen ambiente.




Me llamo Greta. Tengo 11 años y voy al colegio M. M. Concepcionistas. Mi libro preferido son Los Gatos Guerreros y mi película preferida es Mi niñera es un agente. Recomiendo el club de lectura porque Alba es muy chuli.




Hola, me llamo Yulia. Tengo 13 años y voy al instituto de Madrid. Devoro libros y soy adicta al cine. Mis libros favoritos son los Juegos del Hambre, Harry Potter, El Señor de los Anillos, El Hobbit, Fablehaven y muchos de Laura Gallego. De películas me gustan las mismas que los libros que he dicho que también me gusta Cazadores de Sombras.


Me llamo Jorge, tengo 11 años y me gustan los libros de Los Juegos del Hambre. Me gustaría que viniese alguien al que le guste que haya muertes en los libros. Venir aquí es divertido porque conoces gente maja y libros que no habías leído.

Hola, me llamo Irene, devoro toda clase de libros y me encanta ver sus películas. Mi libro favorito es "El Club De Los Poetas Muertos", por ser una copia totalmente exacta y real a la vida de los protagonistas. La película que más me impactó  fue "La Brújula Dorada", no está muy bien hecha pero fue la primera película que recuerdo haber disfrutado de verdad en el cine. Recomiendo el club de lectura por si te aburres los sábados y no sabes que hacer, además de para estar con gente a la que también le gustan los libros, para comentarlos y divertirnos a la vez.


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viernes, 28 de noviembre de 2014

Una comedia a la italiana


No es la primera vez que una madre, tía o abuelo me comentan que quieren compartir con sus hijos, sobrinos o nietos cine clásico. A mí siempre me ha parecido una idea estupenda; están ofreciéndoles la oportunidad de disfrutar de un gran legado que no es incompatible con el cine actual.
Y como muchas otras cosas, es mejor hacerlo desde pequeño. De esta manera, cuando creces y te vuelves también más crítico e intransigente, no lo rechazas. Hay que ver la cara de espanto que me ponen a veces algunos chicos cuando les digo que la película que me piden está en blanco y negro, que tiene más de 50 años o que es muda ¡casi me tengo que disculpar!

Así que pongamos remedio a esto dedicando un Rincones olvidados al cine clásico. Aunque esta vez me encuentro con una dificultad añadida, qué elegir. Menos mal que vino en mi auxilio la actriz Sofía Loren que acababa de cumplir 80 años. Me puse a pensar en las películas que había visto de ella, como, por ejemplo, las grandes producciones de Hollywood El Cid o La caída del Imperio Romano. Pero, qué queréis que os diga, mi Sofía Loren favorita es la que empezó en el cine italiano de la posguerra, haciendo esos papeles de imponente belleza, de gran carácter y pícara pose, que manejaba a los hombres a su antojo. Y ¡ay de aquel que le llevara la contraria!  lo menos que le podía pasar es que le tirara un plato de pasta al dente y le dijera ¡Disgraziato! moviendo las manos como corresponde a una italiana de bien.
De esta manera me di cuenta que no vendría mal desempolvar esas comedias de los años 50 y 60, una etapa brillante del cine italiano que comenzó en la dura posguerra. Las primeras películas tras la contienda se tienen que ajustar a las nuevas condiciones ya que no había estudios donde filmar y el dinero escasea. Se tomó una drástica decisión:  hacer las películas en la calle, con actores no profesionales y contando historia reales. Así nació el neorrealismo. Sin embargo, este país pronto necesitó que su cine hablara de la realidad de manera menos cruda y así poder evadirse de ella. La comedia costumbrista, sin duda, fue el mejor vehículo para ello.
Bien, pues esa comedia a la italiana tuvo la suerte de contar con un talentoso grupo de profesionales que creó películas inolvidables. Y sin duda fue una suerte porque el cine es un trabajo en equipo. Para que produzcan en nosotros el efecto deseado es necesaria la conjunción de un buen guión, un productor que crea en el proyecto, que lo organice y consiga el dinero para llevarlo a cabo, un director que le saque el mejor partido, un equipo técnico que sea capaz de producir la magia necesaria ante nuestros ojos, y unos actores que nos hagan sentir las historias y los personajes.
En este trabajo coral, los productores son los grandes desconocidos. En la Italia de aquellos años, unieron sus fuerzas dos productores de gran peso en la historia del cine, Carlo Ponti y Dino de Laurentiis. Tuvieron un buen olfato para reconocer sobre el papel si una película podía ser un éxito y la suerte de contar con los mejores profesionales para llevarla a cabo. 
En primer lugar, encontraron buenas historias de la mano de guionistas como Furio Scarpelli, Agenore Incrocci o Ettore Scola, todo un lujo. En segundo lugar, tenían un fantástico elenco de directores para hacer comedia. Estamos hablando de Dino Risi, Mario Monicelli, Stefano Vanzina alias Steno, Pietro Germi, Luigi Comencini y Vittorio de Sica. Todos conocían el entramado del cine, trabajaron no sólo como directores sino también como guionistas o actores, como fue el caso de Vittorio de Sica.
Por otro lado, los productores también contaron con excelentes intérpretes, como el propio Vittorio de Sica, Marcello Mastroiani, Totó, Vittorio Gassman, Peppino de Filippo o Alberto Sordi. Os recomiendo disfrutar de la interpretación de cualquiera de estos actores, cada uno de ellos representando a un tipo de personaje muy concreto. Pero fijaros sobre todo en Totó. En España no es muy conocido, debido posiblemente a lo difícil de exportar un humor tan particular. Su peculiar rostro, su enorme talento cómico y su capacidad de improvisación  (muchas veces actuaba sin guión) han hecho de él toda una leyenda en Italia.
Mención aparte merecen las actrices de comedia de la época. Eran el reverso perfecto de sus parejas cinematográficas. Bellas, exuberantes… pero también muy divertidas. Era ese contrapunto el que generaba muchas de las situaciones cómicas que tanto gustaban. Silvana Magnano, Gina Lollobrigida o Sofía Loren fueron un día descubiertas en concursos de belleza, pero pronto destacaron también por su talento y carisma en la pantalla.


Bien, pues del trabajo conjunto de estos profesionales podemos disfrutar de películas como Rufufú, La gran guerra, Divorcio a la italiana, Matrimonio a la italiana, Policías y ladrones, La escapada (Il sorpaso), Los camaradas (I compagni), El estafador, las tres películas de Pan, amore e…, Bocaccio 70 o El oro de Nápoles.
Si os animáis a verlas, sin duda os divertiréis. Ahora, no os confiéis pensando que este cine es frívolo, ni mucho menos.

En el fondo, estas películas están llenas de denuncia social, por eso después de ver algunas podéis tener una sensación ambigua. Al fin y al cabo, están hablando de fracasos y miserias pero he ahí la grandeza de este cine, el humor y la ironía salvan a los personajes de caer en el total pesimismo y a nosotros nos devuelven cierta esperanza de que no todo está perdido, que el humor es, muchas veces, la única arma ante el desánimo.


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